La política boliviana, históricamente propensa al hecho vistoso, asiste este fin de año a otro espectáculo, uno que está entre la tragedia institucional y la comedia de vestuario. El protagonista de esta puesta en escena es el vicepresidente Lara, quien ha decidido desmarcarse del gobierno de Rodrigo Paz para encabezar una “oposición constructiva” y una ofensiva legislativa contra el decreto 5503, una norma que ha encendido la protesta social al eliminar la subvención de los combustibles y reformar el sistema de importaciones.
Este revés legislativo, sin embargo, ha sido mediáticamente opacado por una anécdota sobre vestuarios. Mientras el país se debate en bloqueos y una alta tensión social, han surgido revelaciones sobre la supuesta confección de un traje poco convencional para el vicepresidente: un traje con el estilo de Napoleón. ¿Se acercará para Bolivia, país desdichado por la cantidad de asonadas y revueltas que cuenta en sus anales, algo parecido al 18 Brumario?
La verdad es que el vicepresidente ha ido siendo el protagonista de algo más parecido a una telenovela que a una labor de alta política. Mediante una maniobra de presión en la Asamblea, intentó forzar la inclusión de una resolución de rechazo al decreto 5503. El objetivo era utilizar el parlamento para quebrar la principal herramienta económica del Ejecutivo, que, aunque es dura, es razonable y coherente. Sin embargo, el resultado fue un bloqueo legislativo… pero en su contra, ya que la mayoría de los asambleístas, en un ejercicio de realismo político, rechazó modificar la agenda, dejando a la iniciativa de Lara —y a sus aliados irracionales— en el limbo de las buenas intenciones.
Lo del traje de Napoleón puede ser un invento malintencionado de algún adversario del vicepresidente, pero lo que no es invento es la guerra que ha desatado Lara contra el gobierno. Mediante sus declaraciones se percibe una ambición de poder que en algún momento puede resultar peligrosa para la estabilidad institucional del país, que costó tanto debido a la angurria de poder del MAS.
El vicepresidente utiliza un relato que resuena en las calles bloqueadas de La Paz y el resto del país y que apela al sentimiento, no a la razón. Con poco sentido de responsabilidad, ataca un decreto que, aunque es duro, es necesario porque es la única salida a un monumental desastre económico causado por el populismo azul. ¿Cuáles entonces son sus propuestas para sanear la economía? ¿Tiene argumentos técnicos para decir que el decreto es incorrecto? Lara debería comenzar haciendo lo que prometió en su campaña, a saber, reorganizar la Policía, limpiar la corrupción que hay en ella.
Bolivia no necesita nuevos salvadores o mesías políticos, sino soluciones para una economía que el DS 5503 ha puesto a prueba y un diálogo que el propio Lara, desde su posición privilegiada, ha preferido sustituir por la retórica del insulto. Al final, el traje eventual de Napoleón podría terminar siendo solo eso: un disfraz en medio de una crisis que no entiende de modas, sino de necesidades urgentes.
Lara y el uniforme de Napoleón
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