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COB: destruir empleos futuros por defender consignas anacrónicas

Orlando Navarro Canelas

En medio de la tormenta económica que sacude a Bolivia, y ante la promulgación del Decreto Supremo 5503 que intenta desesperadamente inyectar oxígeno a un paciente en estado crítico, la reacción de la Central Obrera Boliviana (COB) ha sido predecible, pero no por ello menos trágica. Al levantar las banderas del “antimperialismo” y la “soberanía” contra la apertura a la inversión privada, la dirigencia sindical no está protegiendo a los trabajadores; está, paradójicamente, procurando condenar a la inmensa mayoría de los bolivianos a la pobreza y la informalidad perpetua.
La postura de la COB adolece de un anacronismo peligroso. Siguen leyendo la realidad con lentes de mediados del Siglo XX, defendiendo un modelo estatista que ya ha demostrado su fracaso rotundo: un sistema que dejó las arcas vacías, las reservas de oro agotadas y a los bolivianos haciendo filas por combustible. Al oponerse a la liberalización y a la atracción de capitales, la COB se aferra a un “pasado derrotado”, un modelo que, lejos de solucionar los problemas de la gente, postergó las aspiraciones de desarrollo de toda una generación.

El Mito de la Representatividad: El olvido del 80%
La mayor falacia del discurso cobista es su pretensión de hablar por “el pueblo”. ¿A quién representa realmente la COB hoy? Representa a una “aristocracia laboral”: a los trabajadores asalariados del sector formal y estatal, que gozan de una estabilidad que es un espejismo para el resto del país. Se olvidan deliberadamente del 80% de la economía boliviana: esa masa gigantesca de comerciantes, transportistas, emprendedores y cuentapropistas que sobreviven en la informalidad.
Para este 80%, las consignas dogmáticas sobre el “imperialismo” no ponen pan en la mesa. Lo que esta mayoría desplazada necesita no son discursos incendiarios, sino inversiones reales que generen empleos dignos y formales. Al bloquear las medidas que buscan atraer capital y reactivar la industria, la COB se convierte, irónicamente, en una fuerza anti-empleo. Sus medidas de presión no castigan al gobierno de turno; castigan al joven que busca su primer trabajo, a la madre que quiere formalizar su negocio y al emprendedor que necesita un país conectado al mundo. El éxodo de bolivianos hacia afuera no hará otra cosa que aumentar.
La visión extractivista —esa obsesión por vivir de la renta del gas o del mineral— es precisamente lo que nos ha mantenido en el atraso y lo que la COB defiende con uñas y dientes. El futuro de Bolivia no está solo en lo que sacamos de la tierra, sino en el valor que podemos agregar como nación bioceánica. Nuestra vocación geográfica nos grita que debemos ser el corazón logístico de Sudamérica, el puente de servicios e infraestructura que conecte el Atlántico con el Pacífico. Y si algo nos está aislando de esa aspiración, es justamente el clima de ingobernabilidad que pretenden crear.
Para lograr esto, para convertirnos en una potencia de servicios y logística, el Estado no puede ser un “tranca”, sino un facilitador. Necesitamos que fluyan las inversiones para construir carreteras, trenes y centros de acopio. Oponerse a esto bajo el pretexto de la “soberanía” es condenar a Bolivia al enclaustramiento eterno. La verdadera soberanía no es aislarse; es tener una economía robusta, integrada y competitiva que no dependa de la limosna internacional ni de la volatilidad de las materias primas.
Por todo esto, es hora de llamar a las cosas por su nombre. La postura actual de la dirigencia sindical es anti-dignidad, porque prefiere mantener subsidios insostenibles a la creación de riqueza genuina. Es anti-soberana, porque un país quebrado y sin inversión es el más dependiente y vulnerable de todos ¿Cómo está Venezuela o Cuba? Y Definitivamente anti-obrera, ya que busca mantener el privilegio de una minoría a la incorporación de las grandes mayorías hoy desplazadas en la informalidad.
Bolivia se encuentra en una encrucijada. Podemos seguir el camino del dogmatismo, defendiendo los privilegios de unos pocos dirigentes sindicales mientras el barco se hunde, o podemos abrazar el pragmatismo, entendiendo que la única forma de sacar a las mayorías de la pobreza es convirtiendo a Bolivia en un paraíso para la inversión y el trabajo, y no en un infierno fiscal y burocrático. La COB tiene derecho a su nostalgia trasnochada, pero no tiene derecho a hipotecar el futuro de todos los bolivianos. Y los trabajadores, cuentapropistas, campesinos, comerciantes, transportistas, profesionales y emprendedores, tenemos también todo el derecho de pensar distinto a la COB y al Masismo que nos dio crisis tras veinte años en los que co-gobernaron.

El autor es Abogado.

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