Las recientes declaraciones del presidente electo de Chile, José Antonio Kast, anticipando un diálogo más fluido y planteando una agenda de cooperación bilateral, son recibidas en Bolivia como un gesto positivo y alentador para la distensión entre nuestros países. Valoramos toda iniciativa que procure mejorar la relación entre Estados vecinos y hermanos. Con este espíritu, celebramos el compromiso mutuo, reflejado en la próxima asistencia del presidente Rodrigo Paz a la toma de mando, para relanzar una agenda binacional pragmática y centrada en intereses compartidos.
Resulta de interés común y loable avanzar en una agenda práctica que aborde temas urgentes y concretos, como los acuerdos técnicos recientes en Arica, enfocados en mejorar la eficiencia portuaria, avanzar en acuerdos comerciales, proyectos energéticos como la reversa del Oleoducto Sica Sica, la integración aérea y la cooperación en seguridad, son pasos sumamente constructivos. Estos esfuerzos, liderados por equipos expertos de ambos lados, demuestran una voluntad tangible de construir una relación más funcional y beneficiosa para nuestros pueblos, respetando siempre los marcos jurídicos existentes, como el Tratado de Paz y Amistad de 1904.
Es fundamental subrayar, con el mayor respeto y claridad diplomática, que para Bolivia, esta necesaria cooperación en hora buena en áreas concretas no puede interpretarse como un sustituto, una postergación o un desplazamiento de la reivindicación histórica, constitucional y fundamental de una salida soberana al océano Pacífico. La recuperación de un acceso soberano al mar no es un mero derecho del pasado; es un mandato constitucional, un componente esencial de la identidad nacional y una condición fundamental para el desarrollo integral de nuestro Estado; se trata de una cuestión de justicia histórica y de necesidad estratégica para nuestro futuro.
Mientras Bolivia se muestra dispuesta y proactiva para impulsar y profundizar todos los mecanismos de cooperación práctica, como los evidenciados y que ya se vio en el pasado; tendrá que mantener con firmeza y transparencia que la cuestión marítima constituye el elemento central y prioritario de la agenda bilateral. Un diálogo verdaderamente fluido y una relación de vecindad plenamente normalizada y consolidada, como la que ambos pueblos merecen, solo podrán alcanzarse cuando Chile reconozca y aborde de manera efectiva la legítima e irrenunciable demanda boliviana.
La posición de Bolivia se ha mantenido clara y permanente. La cooperación es bienvenida, necesaria y está en marcha en múltiples frentes, pero jamás será a costa de silenciar o relegar el derecho marítimo. El camino hacia una integración completa y una relación bilateral sólida y perdurable pasa, necesariamente, por la solución de este tema pendiente. La esperanza renovada en este nuevo capítulo de diálogo reside en que la practicidad y la voluntad política puedan, finalmente, encaminarnos hacia una solución efectiva e integral.
¡Viva Bolivia, hacia el mar!
El autor es Abogado de Altos Estudios Nacionales en Seguridad, Defensa y Desarrollo y Ex Cónsul de Bolivia en Chile.
