Mientras miles de bolivianos luchan por comprar los productos básicos de la canasta familiar, la percepción ciudadana es que una élite política vive en una burbuja de privilegios y desconectado de la realidad, que está marcada por la crisis económica cuyo causante fue el denominado Proceso de Cambio del MAS. Los altos sueldos de diputados y senadores, sumados a las generosas dietas y viáticos, y las no menos cuantiosas rentas vitalicias para expresidentes y exvicepresidentes, representan un monto considerable de recursos que el Estado podría reorientar hacia áreas como salud, educación o infraestructura. Hasta ahora, sin embargo, ni legisladores ni expresidentes o exvicepresidentes se han pronunciado sobre ello…
En tanto que la población aprieta el cinturón para pagar sus cuentas y llenar la olla, una pregunta resuena con fuerza en el debate público: ¿Están los altos funcionarios del Estado y aquellos que sirvieron en las más altas magistraturas a la altura de este sacrificio colectivo? ¿No podrían rebajarse un poco sus rentas, no con el fin precisamente de ahorrarle al Estado, sino con el de empatizar con todos los que sufren la crisis? Bolivia está atravesando una coyuntura económica muy compleja que golpea el bolsillo de cada ciudadano, desde el comerciante hasta el trabajador, pasando por el agricultor y el estudiante. Pedir que se reduzcan tan elevados salarios y rentas de funcionarios y exfuncionarios ¿no es un llamado a la ética, a la responsabilidad social y a un gesto de solidaridad?
Hay una necesidad imperiosa de una reforma profunda y urgente en los esquemas de remuneraciones y rentas vitalicias para legisladores, expresidentes y exvicepresidentes. No es moral que mientras que millones de bolivianos sufren las consecuencias de un manejo económico funesto, algunos pocos vivan en una burbuja de comodidades materiales… sin hacer nada para recibirlas. ¿Se han pronunciado los expresidentes sobre ello? ¿Podría alguno, por ética y sensibilidad, hacerlo ahora?
No se trata de sacrificios heroicos, sino de solidaridad. Cuando el país enfrenta dificultades, quienes tienen la responsabilidad de servir públicamente deben dar el ejemplo. Ser exvicepresidente o legislador no debería representar privilegio; todo lo contrario: debería ser un estatus de servicio, de humildad y humanidad. La austeridad no puede ser un discurso vacío; debe empezar desde arriba. Reducir estas rentas, o incluso suprimirlas, no solo liberaría fondos importantes, ayudaría a reconstruir la confianza en unas instituciones cada vez más cuestionadas… y hasta en los mismos seres humanos.
Es momento de que expresidentes y exvicepresidentes, que ya disfrutaron de los beneficios del poder, entiendan que servir a Bolivia es también saber renunciar al dinero. Es una forma de decir: “Entendemos la crisis y estamos con nuestro pueblo”. Es hora de la austeridad, de la solidaridad. Los siguientes meses serán duros y Bolivia necesitará de aquellas.
Austeridad para todos en tiempos de crisis
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