La celebración del nacimiento de Jesús no es solo un festejo familiar, una reunión para intercambiar regalos o consumir comida y bebidas. La recordación de esta fecha está mucho más allá de los apetitos físicos y de cumplir formalidades pasajeras. La Navidad alcanza los límites más profundos de la vida humana y sus perspectivas no solamente se encuadran en unas horas de alegría y deseos de bienestar para quienes participan de este acontecimiento. En este día del año se celebra el hecho más importante de la existencia de la humanidad, ya que no se limita a cambios materiales, sino a la llegada de una nueva época.
Hasta hace dos mil años, los seres humanos vivían en permanente estado de guerra y aniquilación entre ellos, de acuerdo a la mentalidad hasta entonces dominante, que consistía en la consigna de “ojo por ojo, diente por diente”. Ciertos grupos humanos se organizaban y armaban para eliminar pueblos vecinos y apoderarse de sus bienes y tierras. Las poblaciones que no se sometían a los deseos de los invasores eran aniquiladas.
Ese sistema duró varios siglos, como consta en el llamado Antiguo Testamento, texto que está principalmente concentrado en recordar guerras, devastación de villas y ciudades, así como el asesinato de pueblos enteros. No había piedad ni perdón. La justicia era ignorada.
En medio de ese caos social aparecieron rasgos civilizatorios que buscaban reformar ese estado de cosas y la luz del conocimiento se fue extendiendo paulatinamente, para poner fin al crimen, a los abusos, a la falta de derecho de defensa, al irrespeto a la propiedad. Es más, se pedía el final de la injusticia y que la comprensión humana se guíe por la bondad, la lógica y la valoración de los actos. La práctica social fue creando la lógica, la axiología, el respeto.
Esa época de hacer justicia por mano propia llegó a su fin hace unos doscientos años y culminó con la aparición de una filosofía contraria hasta las entonces existentes. Es más, la nueva mentalidad del hombre debía basarse en principios contrarios a los practicados hasta esa época. Ese cambio histórico en la conducta humana comenzó con el nacimiento de Jesús, que significó una nueva forma de pensar en la sociedad humana. Más propiamente, pasar de la guerra a la paz.
Entonces los seres humanos comprendieron los nuevos principios y empezaron a actuar en forma diametralmente opuesta. El Nuevo Testamento empezó a predicar amor, bondad, perdón, respeto a la condición humana, valores que Jesús sintetizó en su ideología y la difundió con ejemplos, no solo con discursos, hasta dar cuenta su vida por ellos. En esa forma, la sociedad humana dio un viraje en su forma de proceder, lo que es comprobable al leer el Nuevo Testamento. La maldad fue delimitada por la bondad.
Ese es el verdadero sentido de la recordación del nacimiento de Jesús. Sobre eso se debe meditar cada 25 de diciembre, dejando de lado, en alguna proporción, los festejos no espirituales. No es, pues, una fecha de regalos y parrandas, como la han convertido quienes no respetan el verdadero objetivo de la Navidad, que significa el nacimiento del Redentor, quien cambió el espíritu del ser humano.
