Nicolás Maduro, presidente de Venezuela y uno de los últimos dictadores del “socialismo del Siglo XXI”, que apareció en las últimas décadas de apocalipsis de América latina, está a punto de derrumbarse como una torre de arena. Así acabará una etapa vergonzosa de la región. Pero ya tiene quien lo reciba. Las puertas están abiertas para él en un país de Europa oriental, donde puede refugiarse y saborear el pan amargo de fracasos por su ideología utópica y corrupta.
Ante el rotundo fracaso de la aplicación del “socialismo”, residuo de esa misma política en Rusia, Maduro puede decidir ponerse a buen recaudo, tomando en cuenta que está acusado de introducir drogas a Estados Unidos y por otros casos, que lo han desprestigiado. Sin embargo, el delito mayor de Maduro ha sido conducir a la destrucción a Venezuela, siguiendo la escuela catastrófica de su “maestro”, Hugo Chávez, quien metió sus manos en otros países de la región, como Bolivia, también para destruirla.
Ahora las presiones interna y externa a su gobierno le hicieron pensar al dictador venezolano en darse a la fuga, igual que otros de su misma condición depredadora. Solicitó asilo político en varias naciones, pero sin éxito. Finalmente, una nación comunista, limítrofe con Rusia, le ofreció cobijarlo, aunque todavía no ha respondido. Pero parece inminente.
Esa actitud personal, liberaría a Venezuela de la tiranía socialista que depredó a países como Bolivia, Argentina, Ecuador, Colombia y otros, que, finalmente, se sacudieron de esa plaga y retornaron al goce de las libertades de la democracia, única vía para conseguir mayores avances hacia el progreso.
El derrumbe socialista es efecto del hundimiento de esa ideología en Europa. Pero sus seguidores imaginaron que, llevando a naciones latinoamericanas al socialismo, se lo podría restaurar en Rusia y extenderlo por el mundo. Esa ideología fue puesta en práctica por el Foro de San Pablo, hace treinta años con algunos éxitos, pero, finalmente, se desplomó porque la práctica hizo ver objetivamente que no tenía valor.
En Bolivia, víctima de esa plaga, Evo Morales en 2006 cayó en la trampa y ya sabemos cómo terminó, porque es imposible hacer retroceder la historia de las naciones a tiempos de las cavernas, para construir sobre ellas el socialismo. El último engendro ilusorio fue Venezuela. Y hace poco nuestro país desahució ese sistema en elecciones generales. Es que los socialistas nativos sueñan con retroceder a las comunidades de cinco mil años atrás y sobre él construir el socialismo, saltando la etapa del capitalismo.
Nicolás Maduro, heredero de Chávez, hoy está con un pie en el estribo por su propia voluntad, tal vez al darse cuenta de que su ideología condujo a la rica y próspera Venezuela, a una situación de ruina. Ahora, podría fugar de tal realidad, después de matar de hambre a su pueblo, aumentar las fuerzas militares represoras y promover el espionaje, para eliminar a los opositores.
Sin embargo, habría llegado el momento de la madurez del personaje de marras, así como el derrumbe de las ilusiones de “izquierdistas” que ingenuamente conciben el futuro haciendo retroceder la historia al tiempo de las cavernas.
