El triunfo de José Antonio Kast significa una tendencia de cambio en América del Sur, con figuras como Javier Milei en Argentina y consolidando un eje que prioriza la seguridad ciudadana, el achicamiento del Estado, el control migratorio y la libertad económica. Para muchos cientistas políticos, el triunfo chileno es la culminación de una era izquierdista que comenzó a fraguarse tras el desgaste de las administraciones populistas de la región.
El 14 de diciembre de 2025 Chile cerró un ciclo de oscilaciones con el contundente triunfo de Kast en la segunda vuelta presidencial. Con un 58,1% de los votos, el líder del Partido Republicano se impuso sobre la candidata de la coalición oficialista, Jeannette Jara, marcando un giro de timón respecto a la administración saliente del izquierdista Gabriel Boric. Este resultado no es solo un evento de Chile: representa un sismo en el tablero geopolítico de América Latina y reabre el debate sobre las etiquetas ideológicas en el periodismo contemporáneo.
Uno de los puntos más polémicos tras la elección ha sido el uso del término “ultraderecha” o “extrema derecha” por parte de casi todos los medios internacionales. En Bolivia, muchos medios escritos cayeron en lo mismo. La pregunta es por qué para todos esos medios existe solo la “ultraderecha” (o incluso el fascismo) y no la ultraizquierda. ¿Será verdad que no existe el extremismo de izquierda que compite en elecciones?
El presidente electo ha sido un defensor del legado económico de la dictadura de Augusto Pinochet, llegando a declarar que, si el dictador estuviera vivo, votaría por él, pero por lo que se vio hasta ahora es un demócrata que juega las reglas de la democracia moderna. Posiblemente aquel vínculo con un régimen autoritario es lo que motiva a la prensa a usar el prefijo “ultra”, marcando una distancia con la derecha, pero no se debería frivolizar los términos politológicos, haciendo de éstos un relato mediático-político con intereses de guiar la opinión pública.
Sus posturas en temas como el aborto y los derechos de minorías sexuales lo sitúan en una esquina más conservadora que el promedio de su sector, pero no por aquellas debería ser colocado en una postura extremista. Su respeto a la familia tradicional y cristiana no debería hacerlo blanco de etiquetas poco precisas por parte de los medios. A pesar de su victoria inapelable, Kast enfrentará un Congreso fragmentado. Chile ha elegido un camino diferente; queda por ver si este modelo logrará la cohesión necesaria en una sociedad que, hace apenas unos años, reclamaba transformaciones sociales profundas en las calles. No se puede dejar de tomar en cuenta los errores del gobierno de Gabriel Boric, vinculados con la seguridad y la economía. Se espera que la influencia regional y geopolítica de Chile con su nuevo gobierno repercuta en las democracias sacudidas por el populismo y la corrupción de los gobiernos izquierdistas. La democracia necesita nuevos aires, con gobernantes idóneos y que amen la libertad.
Kast y el nuevo escenario regional
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