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Cosas para rescatar

Ernesto González Valdés

Sin duda que hacemos un uso excesivo de la tecnología cada día, no cumpliendo con el propósito esencial de constituir una vía de comunicación asertiva y efectiva, en sentido general, lo cual es tangible. Como muestra de ello, ¿cuántas personas que se encuentran alrededor suyo, en este momento, mantienen su vista en la pantalla de un celular, aislándose del entorno que les rodea?
Varios países de Europa, que son potencias a nivel mundial en Educación, están restringiendo el uso de dispositivos electrónicos en los salones de clases (al menos en la modalidad presencial).
Recordemos que ante la pandemia (covid-19) y la detención de las clases presenciales, se dio respuesta a la problemática con el empleo de la tecnología en la Educación, son sus pros y contras.
Sin embargo, lo peor es que, para adolescentes y jóvenes en particular, las consecuencias son:
• Carencia de sociabilidad.
• Dependencia que raya en la adición.
• Peligro de entrar en plataformas que no responden a la ética y moral.
• Los padres consideran que para los menores y jóvenes es un “entretenimiento” y los mantiene ocupados.
Personas mayores suelen plantear que tiempos anteriores, fueron mejores que los actuales, incidiendo con énfasis en juegos en la calle, donde primaban valores como: la amistad, el trabajo en equipo, la creatividad, la búsqueda de soluciones, la sociabilidad.
Juegos que solían celebrarse mayormente los fines de semana, asistiendo a un campo deportivo, acompañados de los padres, o sencillamente en una calle secundaria, evitando con ello el peligro con relación al tránsito.
¿Quién no fabricó una pelota con un calcetín?, ¿qué decir de un pedazo de madera, que hacía de bate de pelota?, ¿quitar de la tendedera la soga para usarla como cuerda y saltar sobre ella?
No puedo plantear que los juegos considerados tradicionales –juegos que, desde hace mucho tiempo siguen perdurando, pasando de generación en generación, siendo transmitidos de abuelos a padres y de padres a hijos y así sucesivamente– hayan dejado de existir, pero la tendencia pareciera ser que así será, cuando hoy prima la individualidad, ante una pantalla cuya diagonal oscila entre 5 y 6.8 pulgadas, la falta de atención a lo que se habla o sucede, sin exclusión de edades.
Si bien existe la opción de “jugar virtualmente”, a través del propio celular, computadora e inclusive una consola, no es lo mismo, ni se escribe igual.
Para muestra un botón, como es el caso del futbol, que cuenta como aficionados con más de 4.000 millones de personas, repartidas por todo el planeta, donde de ese total, el 25% lo practica, con lo cual me da un cierto respiro, pero aún estoy insatisfecho.
Requerimos de un mundo más comunicado, con efectividad y asertividad, racional, humano, donde los juegos presenciales suelen ser una herramienta formidable, con el valor agregado para los que somos mayorcitos, de estirar nuestros huesos.
¿Nos vemos mañana en el parque, con los nietos?

El autor es Licenciado en Ciencias Pedagógicas.

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