Ayer se confirmó el fallecimiento de Bernardo Guerrero, apreciado colaborador gráfico de EL DIARIO. Él no era un funcionario de planta, pero su presencia en el periódico era importante. Durante años, fue el ojo indispensable y amable de las páginas de Sociales. Su fallecimiento deja un vacío no solo en la redacción, sino en cada salón y evento que contó con su presencia.
Bernardo se ganó el cariño y el respeto de quienes lo conocieron gracias a su trabajo impecable y su inquebrantable predisposición.
No importaba la hora ni la complejidad del evento, él siempre llegaba con una sonrisa discreta y la mejor actitud, listo para capturar la esencia de la celebración. Lograba que hasta la foto más formal pareciera espontánea y llena de vida. Fue el custodio de recuerdos de una generación: el que inmortalizó matrimonios, cumpleaños, y todo evento social siempre con un trato exquisito.
Bernardo sabía cómo sacar lo mejor de cada persona. Jamás hubo un ‘no’ en su vocabulario; era pura predisposición. Cada instantánea era perfectamente iluminada y enmarcada.
La luz de su flash se ha apagado, pero vivirá en el recuerdo de quienes fueron inmortalizados en cada imagen.
