Como se sabe, los gobiernos masistas en Bolivia comenzaron en 2006 y duraron veinte años, con un breve intervalo por la aparición de un gobierno transitorio. Y una de las actitudes gubernamentales que causó mayor indignación en la mayoría de la población fue que en esos años se dio rienda suelta al cuoteo de cargos públicos.
Es decir que la administración pública fue llenada con adeptos al MAS, sin que importara su preparación intelectual o técnica, en la mayoría de los casos. Por el contrario, fueron recibidos con los brazos abiertos todos los masistas de “organizaciones sociales” que habían salido a las calles para apoyar las demandas de su partido o los que habían aportado con dinero a las campañas electorales azules.
Lamentablemente, esa repartija de cargos ocasionó un deficiente manejo de los intereses nacionales, numerosos casos de corrupción y un cinismo sin igual, ya que hasta la administración de justicia era implacable contra los opositores, pero muy blanda con los oficialistas acusados de varios delitos.
Una consecuencia de esa represión directa o indirecta contra quienes no eran afectos al régimen “socialista”, es la debilidad extrema de los partidos políticos, por lo que pasada la catastrófica etapa del masismo para el país, se observó que, para llegar al poder, políticos tuvieron que hacer controvertidas alianzas o alquilar siglas, desapareciendo lo que caracterizaba a las agrupaciones políticas del pasado, como ideología, planes de gobierno y convicción férrea de sus integrantes.
Entonces, con la llegada del nuevo gobierno, se advierte que las cuotas de poder no han desaparecido totalmente. Y es que, por ejemplo, el vicepresidente impuso como Ministro de Justicia a su abogado personal, lo que causó polémica por tener el nombrado observaciones por parte de la justicia. Finalmente, el destituido ministro ahora figura como parte de la vicepresidencia. En el caso del nuevo Ministro de Medio Ambiente y Agua, ambientalistas lo han cuestionado por provenir del sector agroindustrial, por lo que habría conflicto de intereses. Resta saber si dicho ministro postergará intereses económicos a favor de la conservación ambiental.
Por ello, la designación de nuevas autoridades debería estar sujeta, de manera previa, a una exhaustiva revisión de antecedentes para evitar polémicas que son más propias de gobiernos afectos al populismo irresponsable. En el caso de la Vicepresidencia, se espera que sus nuevas autoridades hagan olvidar a la anterior gestión caracterizada por dedicarse a temas intrascendentes, como hacer girar las manillas del reloj de la plaza Murillo en sentido contrario. Mientras, tanto, la Asamblea Legislativa era convertida en escenario de vergonzosas escenas, como peleas campales, agresiones verbales, ocio, etc.
Si cada nuevo funcionario se enfocará, en primer lugar, en mejorar totalmente el desempeño de cada despacho, es seguro que conseguirá paulatinamente mayor apoyo popular, sin recurrir exageradamente a hacer acusaciones sin pruebas, comparaciones superficiales o hacer uso de redes sociales para lograr dudoso protagonismo. Basta de show, se espera óptimas gestiones de gobierno.
