La realidad económica es la “papa caliente”, que quema a quienes asumieron el Poder. Sabían lo que estaban recibiendo. Pero no sabían que la cosa iba ser compleja. Fueron elegidos para cambiar. Requerirán del respaldo interno y de la asistencia externa para tal efecto. Acá no hay otra opción. El cambio no surgirá por arte de magia. Ni de las actitudes demagógicas. Menos de las buenas intenciones.
El objetivo inmediato, es derrotar la crisis. Cuyas manifestaciones son devastadoras. Particularmente para el desarrollo nacional sostenible. En el periodo del auge gasífero los ingresos alcanzaron a más de 3.000 millones de dólares. Hoy la mayor parte de nuestros dólares se destina para adquirir combustibles. En este marco se impone la búsqueda de una estabilidad económica duradera. Que devuelva certidumbre y seguridad a la población. Jamás la cacerola del movimiento popular estuvo vacía. Ni el costo de vida había trepado a las nubes. Nunca en los últimos 40 años de democracia. Menos en las dictaduras militares, tan cuestionadas por el civilismo. Bajo el régimen socialista, vigente desde el 2006, sí se presentó esa situación. Unos pocos se enriquecieron y los demás se empobrecieron. De tal modo, surgieron los nuevos ricos.
Quienes practican política deberían despojarse de sus intereses mezquinos. Con aquel propósito, obviamente. Entregarse de lleno al servicio incondicional de la Patria. La historia exige salvar Bolivia, ahora o nunca. Ello significa superar la crisis económica, generada por los gobiernos de turno. Ofrecer una canasta familiar accesible, a las personas de escasos recursos. Que son muchas, en el contexto nacional. No solo enarbolar su nombre, con fines estrictamente políticos. Menos pavonearse, sin son ni ton. Hasta el momento se impone una tensa calma. A la espera de alguna medida, que cambie el rumbo del país. Tan esperado por propios y extraños. No habría que dilatar la espera. “En la tardanza está el peligro”, dijo el tinterillo. Con decisión, firmeza y concertación, se debería marcar el nuevo ciclo, de la historia política boliviana. Dejando de lado las diferencias internas, que no hacen otra cosa que empañar la imagen del ejecutivo. Que debilitan los proyectos de transformación.
Bolivia estuvo sumergida en la “cloaca” de la corrupción, del narcotráfico y del contrabando, en los últimos tiempos, según se afirmó. Unos cuantos hicieron fortuna, en desmedro de las mayorías del país. Quienes sobrevivieron en la austeridad más inconcebible. No obstante que el país vivió una inédita bonanza económica, a raíz de una importante exportación gasífera. Ahora es el momento oportuno para cerrar esa cloaca por el bien común. Evitar su contaminación a las nuevas generaciones. Que la perspectiva sea construir honestidad y transparencia con miras al venidero. Que honre a la clase política, en particular. Que sea un referente, en la región.
En suma: superar la crisis económica, que es lo básico, necesario y urgente, demandará el concurso y la participación de la ciudadanía, en sus diferentes estratos sociales.
La papa caliente
Severo Cruz Selaez
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