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Hacia atrás y hacia adelante

Ernesto González Valdés

No recuerdo cuándo mi profesora de geografía me explicó lo de los husos horarios. ¿Cómo darme cuenta del fundamento científico, sino de su evidencia real? Noticieros extranjeros suelen indicarnos qué hora es en tal o cual país. También en un aeropuerto internacional, relojes con placas que indican las capitales más importantes del mundo, nos enuncian la diferencia de hora entre una y otra ciudad, con relación a la nuestra.
Cuando me ha tocado viajar, por razones laborales o personales, si es dentro de Centroamérica, no hay problemas, por el mismo huso horario, y cuando llegamos al lugar de origen, comunicarnos con nuestros familiares resulta sencillo, porque sabemos dónde están (no viene mal una llamada de control, si su hijo o hija estudia; recuerde que no podemos perder su rastro, en el instituto o la universidad).
El problema surge cuando hay horas de diferencias, con relación a la patria que nos vio nacer. Sin embargo, hay diferencias significativas, las cuales dependen del número: a mayor diferencia, mayor confusión, más lenta la adaptación, a lo que sumo el tiempo que estés fuera.
Me basaré en dos ejemplos: Una hora de diferencia. Al parecer no es tan traumático, y lo que se me ocurrió hacer, fue simplemente dejar en mi reloj la hora de mi país (nota para reflexionar: ¿ha pensado usted la contradictorio es que hoy usted encuentra relojes en su muñeca, en el celular, en el auto, pero seguimos siendo impuntuales? Propóngase llegar a tiempo, sin excusa), a la cual sencillamente le restaba una hora.
¿Consecuencias? Tal vez la cercanía geográfica no permitía levantarme a la hora en el país que visitaba, sino a la hora nuestra. ¿Qué hacer para aprovechar la misma?, ¿leer, asomarme al balcón para ver la noche que se disipaba, las estrellas que corrían a esconderse para dar lugar a los primeros rayos solares, que se asomaban lentamente, indicando el inicio de un nuevo día?
El resto de la familia, que me daba resguardo, se levantaba una hora después. ¿Y en el caso de los tiempos de comida? Esperar una hora después o buscar en el refrigerador algo que amainara el inicio de un proceso de salivación, indicando que es hora de desayunar, almorzar o cenar.
A grosso modo, lo antes expuesto era lo más significativo. ¿El segundo ejemplo? Las horas de viaje en Centroamérica, hasta llegar al país que visitábamos. ¿Contradicciones al cambiar significativamente el número de horas? Desayunar, con relación a mi país de origen, a las 3 p.m. del propio día, almorzar a las 11 p.m. también del mismo día y en el caso de la cena o comida, 6 a.m. del día siguiente.
Se me acaba el espacio, ¿Por qué 8 de la tarde? Estimados amigos y amigas, el astro rey, casi no dormía. ¡Qué lio!, ¿verdad?

El autor es Licenciado en Ciencias Pedagógicas.

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