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El nuevo dron de combate chino ‘Dragón Oscuro’ ya opera junto a cazas tripulados

China ha mostrado por primera vez al GJ-11, su dron de combate furtivo, volando en formación con cazas tripulados J-20. Este avance marca un hito en la integración de aeronaves no tripuladas en operaciones conjuntas, ampliando significativamente la capacidad ofensiva de la aviación militar china. El GJ-11, también conocido como ‘Dragón Oscuro’ y anteriormente apodado ‘Espada Afiliada’, está diseñado para ejecutar misiones de forma autónoma gracias a un sistema de inteligencia artificial que le permite recibir y ejecutar órdenes desde cazas tripulados, así como tomar decisiones en tiempo real.

Las imágenes difundidas muestran al GJ-11 rodando por la pista y despegando junto a los J-20, lo que confirma que ha superado la fase de prototipo y se encuentra en estado operativo. Su función dentro de la formación incluye atraer fuego enemigo, realizar tareas de reconocimiento y ejecutar ataques de precisión, todo ello sin poner en riesgo la vida de un piloto humano. Esto lo convierte en una plataforma ideal para misiones de alto riesgo en entornos hostiles.

El sistema de inteligencia artificial que coordina al GJ-11 con los J-20 permite una comunicación fluida entre ambas plataformas, así como con otros sistemas de vigilancia aérea y marítima, incluyendo buques y aeronaves de alerta temprana. Este software gestiona la identificación y priorización de amenazas, y permite al dron actuar como un nodo avanzado de recopilación de datos y ataque.

En el marco de la doctrina del “compañero leal”, el GJ-11 vuela por delante de la formación principal, utilizando sus sensores para mapear el entorno de combate en tres dimensiones. Esta información es transmitida al piloto del J-20, quien puede usarla para tomar decisiones tácticas o delegar al dron la ejecución de ataques con su propio armamento, almacenado en bodegas internas para mantener su perfil furtivo.

El diseño del GJ-11 se basa en una configuración de ala volante sin superficies verticales, lo que reduce su firma de radar. Además, está equipado con sistemas de guerra electrónica capaces de interferir radares y defensas aéreas enemigas, facilitando la penetración en espacios aéreos protegidos.

Este despliegue se produce en un contexto en el que los programas occidentales de cazas de sexta generación, como el NGAD estadounidense y el FCAS europeo, enfrentan retrasos y desafíos técnicos. Mientras tanto, el progreso del GJ-11 sugiere que la industria de defensa china ha logrado acortar la brecha tecnológica con respecto a Estados Unidos en el ámbito de los sistemas de combate no tripulados. La capacidad de operar escuadrones mixtos de aeronaves tripuladas y no tripuladas representa un nuevo factor estratégico en el equilibrio militar del Pacífico.

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