El Estado es considerado en Filosofía Política, como la sociedad jurídica y políticamente organizada, es decir sujeta a leyes y al gobierno, además asentada en un determinado espacio geográfico. Una de las características del Estado es que tiene que tener poder, el poder del Estado, pues sin éste no podría existir. Pero este poder lo administra el gobierno, el que en un sistema democrático es elegido por el pueblo, que en ejercicio de su soberanía tiene esa potestad. Todo indudablemente sometido a las leyes, que las elaboran los representantes del pueblo, en el Órgano Legislativo, elegidos para esa finalidad principal.
Algunos gobernantes y comunicadores suelen confundir al Estado con su gobierno, lo que no es correcto, pues el gobierno es un elemento del Estado, junto a la población y territorio. Es el que administra el Estado. La principal finalidad del Estado es el bien común, es decir el bien de todos los habitantes, y su principal función es ejercer el poder del Estado, que es delegado al gobierno. Es como en un condominio, en el que los dueños del mismo son los copropietarios que designan a un administrador, éste simplemente, presta servicios a los copropietarios.
Lo que sucede en muchas partes del mundo, es que los gobernantes se creen el Estado y en el ejercicio del poder estatal, hacen uso y abuso del mismo, afectando y agrediendo a los ciudadanos, que deberían estar protegidos por las leyes, que son un freno al exceso del poder. Es que no solamente norman las relaciones de los individuos y de éstos con el gobierno, sino que regulan el ejercicio del poder y salvaguardan los derechos de los individuos que habitan el territorio del Estado.
En nuestro país, se ha construido, seguramente desde que nacimos como Nación independiente, una estructura de poder del Estado, que somete a su población a los dictados de los gobernantes de turno, alejados de las leyes. Y es la burocracia, es decir los empleados del pueblo, en ejercicio transitorio del gobierno, que usan ese poder no para servir, sino para reprimir al poblador, a quien le imponen todo tipo de cargas, como impuestos, tasas, sanciones y otros, en constante aumento. No importa que la ciudadanía este padeciendo por las crisis del mismo Estado, provocadas por el mal gobierno.
Todas las instancias del aparato administrativo del Estado, han sido convertidas, en especial en el régimen que nos gobernó casi dos décadas y que recién ha dejado el poder, en un mecanismo de represión a los ciudadanos, ya no solamente con las cargas tributarias, sino políticamente. Y es que, en una oficina creada para tal efecto, como lo denunció la periodista Amalia Pando, en una de sus últimas presentaciones en Erbol, se hacía un seguimiento estricto a toda opinión ciudadana en los medios de comunicación, que era considerada crítica u opositora, elaborando una lista negra, que era puesta en conocimiento de todas las instituciones y oficinas públicas para reprimir a quien estuviese fichado.
Este sistema represivo y de control político, es utilizado en Cuba y los países bajo su influencia, de tal suerte que los individuos que aparecen en estas listas, si tenían que hacer trámite o gestión en cualquier oficina de gobierno, son víctimas de la represión política del régimen, en especial en las oficinas donde se prestan servicios más comunes a los que acude la ciudadanía, sin importar la justicia de la gestión que demandaba el individuo.
Entre las instituciones estatales desde las que se implementó la represión, están Impuestos Nacionales, Aduana, Fiscalía, juzgados, Policía etc., todo el aparato del Estado convertido en mecanismo de represión política, situación ante la cual los ciudadanos estamos en total indefensión.
El autor de esta nota, desde 2014 está siendo perseguido por Impuestos Nacionales, donde pese a haber sido pagada la totalidad de los cargos tributarios, incrementados en tres o más veces el valor de los impuestos supuestamente debidos, nuevamente se me han levantado cargos, sobre el mismo hecho tributario, con congelamiento de cuentas bancarias, también de mis parientes más cercanos, sin que instancia alguna repare la injusticia cometida, pues es una orden política y ésta se cumple, todo por tener la honra de escribir, en estas páginas de EL DIARIO, notas periodísticas seguramente urticantes para el régimen que terminó.
Esperamos que, con el nuevo gobierno, se retorne al “Estado de derecho” y se dé fin a la represión de los gobiernos a los ciudadanos que hacemos uso de nuestro derecho humano de libre expresión y opinión.
El autor es Abogado, Politólogo, escritor y docente universitario.
