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DeMolay y su ejemplo

Raúl Ruiz Roca

Esta reflexión se inspira en el ejemplo de un hombre, “Jaques DeMolay”; su historia es la esencia misma de la fidelidad. Ante la adversidad más extrema, eligió la coherencia firme con sus principios, antes que salvar su propia vida. Su legado no es una reliquia olvidada en un libro de historia; es un espejo en el que cualquier joven con aspiraciones puede mirarse. Nos recuerda que la verdadera fortaleza no reside en el poder, sino en la lealtad a lo que es correcto, incluso cuando nadie está mirando.
De esta figura y su ejemplo histórico emanan siete principios cardinales que son, en esencia, un manual para construir una vida con propósito, que no son reglas vacías, sino brújulas: 1) El amor filial, que honra a nuestros padres y a nuestras raíces. 2) La reverencia por las cosas sagradas, que nos conecta con lo divino. 3) La cortesía, que es el lenguaje del respeto. 4) El compañerismo, que forja alianzas inquebrantables. 5) La fidelidad, el cimiento de toda confianza. 6) La pureza, que nos engrandece ante las faltas ajenas. 7) El patriotismo, que nos impulsa a servir a la patria con orgullo y humildad.
Este no es un llamado a un liderazgo de grados y títulos, sino a uno de acciones y huellas. Es el liderazgo del joven que elige escuchar antes que gritar, que prefiere incluir antes que excluir, que encuentra grandeza en el servicio discreto y que, en su entorno inmediato, se convierte en el ciudadano que la sociedad necesita. La verdadera revolución no se la grita; se la vive con coherencia día a día.
Al celebrar treinta años de una semilla que plantamos con visión y pasión, este legado resuena con más fuerza que nunca. Tres décadas son la prueba tangible de que cuando los jóvenes se unen en torno a un propósito superior, no solo cambian sus vidas, sino que dejan un ejemplo que transciende generaciones.
A ustedes, los jóvenes de Bolivia y el mundo, les corresponde ser los guardianes renovadores de esta herencia. No se trata de usar insignias, medallas, capas o collarines, sino de encarnar valores. Que su vida sea el testimonio, que su ejemplo sea su tarjeta de presentación. Sean esa mano amiga, esa palabra sabia, esa acción desinteresada, ese acto de integridad que inspire a otros. Honren el pasado no repitiéndolo, sino encarnando sus virtudes en el presente, lleven en alto la luz de la fidelidad y los principios cardinales, no como una herencia estática, sino como un fuego dinámico que ilumine los nuevos desafíos.
El futuro no es un lugar a donde vamos, sino uno que estamos construyendo con nuestras acciones. Sean, simplemente, la mejor versión de ustedes mismos. En esa búsqueda humilde y perseverante, encontrarán la clave para engrandecer sus vidas y, con ello, a la patria entera. La llama del compañerismo sigue viva. Ahora es su turno de hacerla brillar.
¡Por Dios, por la Patria, por DeMolay!

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