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Violencia vicaria: el dolor usado como arma

Evelin Karen Calderón Yana

Una herida invisible que la Ley 348 busca frenar

La violencia vicaria se ha convertido en una de las formas más dolorosas y menos visibilizadas de la violencia de género. Consiste en que el agresor utiliza a los hijos o seres queridos para dañar a la mujer, buscando afectarla emocional, psicológica o socialmente. Es una violencia indirecta, pero profundamente destructiva.
En Bolivia, la Ley N° 348, “Ley Integral para Garantizar a las Mujeres una Vida Libre de Violencia”, establece mecanismos para prevenir, sancionar y erradicar todo tipo de agresión contra las mujeres. Sin embargo, aunque reconoce la violencia psicológica y económica, aún falta una definición específica de la violencia vicaria, lo que dificulta su identificación y sanción. Este vacío legal y operativo genera impunidad y revictimización.

Una forma de violencia que
destruye familias
La violencia vicaria destruye familias desde el silencio. En varios departamentos del país, madres denuncian que sus exparejas utilizan a los hijos para manipularlas o castigarlas emocionalmente, impidiendo el contacto o generando miedo constante. Algunos agresores, incluso con antecedentes de violencia, conservan custodia o derecho a visitas, lo que expone a los menores a graves riesgos.
La falta de sensibilización de jueces, fiscales y policías sobre esta problemática agrava la situación. Muchas veces, las instituciones no identifican la violencia vicaria como tal, y las mujeres deben enfrentar procesos legales largos, revictimizantes y emocionalmente desgastantes.

La alienación parental: manipular los lazos afectivos
Un fenómeno estrechamente relacionado es la alienación parental, en la cual uno de los progenitores manipula al hijo para rechazar injustificadamente al otro. Cuando esta manipulación proviene del agresor, se convierte en una forma de violencia vicaria. En Bolivia, la Ley 348 prohíbe toda acción que afecte el bienestar psicológico de los niños, pero en la práctica, este tipo de daño aún se minimiza o confunde con conflictos familiares.

El rol del Estado y la sociedad
La Ley 348 exige protección inmediata para mujeres y sus hijos, reconociendo a los niños como víctimas directas. Para que funcione, se necesitan mecanismos de prevención, atención psicológica y asesoría legal gratuita. La sociedad debe denunciar, educar en igualdad y acompañar, porque frenar la violencia vicaria protege la infancia, la dignidad y el futuro de las familias.

La autora es abogada.

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