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Debates electorales y su evaluación

Al llegar a su final la segunda vuelta electoral el pasado domingo, que dio como resultado en primera instancia la victoria de Rodrigo Paz con el Partido Demócrata Cristiano (PDC), se hace necesario evaluar la aplicación de un instrumento muy importante para la democracia, es decir el debate entre candidatos a la presidencia del país. Esto porque desde 2006, cuando el MAS asume el poder, el debate de esta naturaleza había sido proscrito, principalmente porque el líder cocalero Evo Morales Ayma declaraba demagógicamente que “él solo debatía con el pueblo”. Sin embargo, para la opinión pública solamente se trataba de una manera de eludir un debate donde se debía demostrar conocimiento sobre diversos temas de importancia.
En el caso reciente del debate entre Rodrigo Paz y Jorge Tuto Quiroga, del PDC y la agrupación LIBRE, no se trata de hacer una crítica o una apología de lo que dijeron los candidatos, sino de resaltar la importancia de que hicieran conocer sus pensamientos con relación a su futura conducta en la conducción del país en los próximos cinco años. En particular, se trataba de dar a conocer a la población las medidas que aplicarían para sacar a Bolivia de la actual crisis.
En primer lugar, se observó una creciente actividad política de tipo subjetivo, es decir haciendo variadas promesas para conseguir votos, como es muy frecuente entre políticos bolivianos que desean llegar al poder, en especial en últimas décadas. En segundo lugar, se advirtió, en varios casos, que no se abordó las causas profundas de los problemas, sino los efectos, acentuándose, en ese sentido, que lo más importante fue la forma que el fondo.
Sin embargo, atender los efectos secundarios, sin tomar en cuenta la raíz de los asuntos, en vez de arreglarlos, los agrava y, por tanto, pueden quedar sin solución los problemas o crear otros. En todo caso, pasada esa etapa de confrontación de ideas, queda esperar el cumplimiento de lo ofrecido a la población, que requiere que sean atendidas sus necesidades.
De otro lado, se puede notar en el ámbito político una tendencia hacia el materialismo económico, descuidando la generación de ideas, escaseando las acciones para fortificar los partidos políticos, no se observó mayores esfuerzos para difundir periódicamente pensamientos y programas mediante la prensa escrita, olvidando que el desarrollo histórico es un caudal que aún avanza sin reparos. Al parecer, también políticos de turno se dedican a una serie de abstracciones que a pocos convencen. En ese sentido, argumentos pluralistas o consignas como “proceso de cambio” ya no deberían estar en vigencia, por su rotundo fracaso.
Todavía más, algunos voceros del oficialismo siguen mostrando una inclinación por los sofismas, al tratar de mostrar lo malo como si fuera bueno o, principalmente, que se acercan a la mendacidad. En fin, era pertinente una rápida evaluación del debate electoral que, es de esperar, continúe como obligación para los futuros candidatos a la presidencia del país. No como ocurrió con los nefastos gobiernos masistas, pues durante veinte años ese debate estuvo ausente.

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