La sede Consular de Chile se vistió de solemnidad y nostalgia para honrar la inmortal huella de una de las artistas más grandes de América Latina, Violeta Parra. En un acto cultural bautizado como «Presencia de Violeta Parra en La Paz», el Cónsul General, embajador Fernando Velasco Parada, fungió de anfitrión de una velada que no solo celebró el arte, sino que reafirmó los profundos lazos que unen a Chile y Bolivia.
Los jardines de la sede chilena fueron el escenario perfecto para acoger a un selecto grupo de invitados. Autoridades gubernamentales, miembros del Cuerpo Diplomático y figuras de la comunidad cultural se congregaron en un ambiente que oscilaba entre la ceremonia del homenaje y la alegría de la comunión.
El embajador Velasco, con emotivas palabras de bienvenida, destacó el propósito esencial de la reunión: «Recuperar la memoria de Violeta Parra en su paso por La Paz y destacar su figura como un faro que une a chilenos y bolivianos».
La Alcaldía de La Paz, co-organizadora de este memorable evento, estuvo representada por Óscar Navarro y Rodney Miranda, quienes con su presencia subrayaron la importancia de la colaboración binacional. Fue precisamente Miranda, quien puso de relieve la riqueza del panel de gestoras culturales que compartieron sus vivencias y conocimientos sobre la figura de Violeta: la boliviana Leni Ballón, hija de Pepe Ballón, fundador de la galería de arte y peña Naira; la talentosa María Antonieta Arauco y la chilena Denise Elphick, directora del prestigioso Museo Violeta Parra. Sus relatos íntimos e históricos tejieron una narrativa fascinante sobre la creadora de «Gracias a la Vida».
El broche de oro de la noche lo puso la carismática cantante Dagmar Dumchen. Con su voz profunda y la sentida interpretación de los temas más emblemáticos de Violeta Parra, Dumchen llenó de ritmo y melodía el aire paceño, transformando los jardines consulares en un íntimo concierto bajo las estrellas.
La velada, exquisitamente organizada, no solo sirvió para degustar un excelente vino, empanadas chilenas y escuchar buena música, sino para demostrar que la cultura, y en particular el legado de una artista de la talla de Violeta Parra, es el catalizador más noble para el entendimiento y la hermandad entre las naciones. Un encuentro, sin duda, que pasará a las páginas brillantes del ámbito social y cultural de La Paz.
La huella de Violeta Parra revive en una noche paceña
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