Antes de la Revolución de 1952, el sector obrero de Bolivia tenía un crecimiento continuo de acuerdo a las características económicas del país de entonces. Sin embargo, ese proceso de intenso crecimiento era frenado por las características feudales y coloniales de la economía del país y la oligarquía dominante se oponía en todas las formas a que la clase obrera se organice en una Central. Se ponía obstáculos para que los obreros no se organicen en sindicatos y federaciones, pues el viejo régimen temía a ese sector social y lo consideraba como una de las fuerzas sociales más importantes de oposición.
Ese estado de cosas fue aniquilado en 1952, con una importante participación del sindicalismo, que no se limitó a aspectos salariales o solamente económicos, sino también amplió su frontera ideológica y política a cuestiones nacionales, para poner fin al atraso de Bolivia, dominada por una economía atrasada colonial y antidemocrática. El viejo régimen intentaba eternizarse en la conducción del país y poner bajo sus órdenes a los trabajadores, incluyendo a los campesinos y otros sectores sindicalizados.
En esas circunstancias, los trabajadores mineros y fabriles se constituyeron en la avanzada del movimiento político de Bolivia y contribuyeron a la victoria popular de abril de 1952, oportunidad en la que tuvieron libertad para organizarse en sindicatos en todo el país y crear la Central Obrera Boliviana (COB), a pocos días del 9 de abril e inclusive participar con varios ministerios en el gobierno revolucionario.
Los trabajadores de la República no se limitaron a esos objetivos, también impulsaron el programa de gobierno, para pasar a defender y ampliar el régimen nacional, así como la democracia, dejando para el futuro un programa de objetivos máximos. Era, pues, imposible que la COB de entonces estableciera un plan para realizar un sistema socialista, objetivo que solo podría ser logrado cuando el nuevo régimen hubiese madurado lo suficiente para buscar esos nuevos objetivos.
Después, la COB ingresó en una etapa de desorganización y desorientación ideológica, perdió la brújula de la historia, dedicándose al anarco-sindicalismo y a la lucha por objetivos inalcanzables, que la condujeron al populismo, vale decir a un programa anti obrero. Eso se hizo realidad con su participación en la contrarrevolución en 1964, lo que desorientó al país. Debido a que la COB finalmente adoptó el programa político equivocado, entró en una etapa de colapso.
Por tal situación, en cierta forma esta entidad que ya no está formada por obreros ni dirigida por ellos, sino por ideólogos de la pequeña burguesía, que apoya a cualquier sector político dominante, solo por obtener prebendas. Carece, por tanto, de objetivos históricos y marcha a la deriva, como se observó en el reciente el congreso cobista realizado en Cobija, Pando, que ha sido convertido en un escenario de ambiciones personales o ha prevalecido el afán de apoyar al partido que llegue al poder, como ocurrió en la etapa del masismo que se encuentra en agonía.
Es de esperar que la COB vuelva por sus fueros y tome conciencia de la actual realidad.
