El pueblo boliviano está tomando nota de los propósitos y despropósitos, de las fortalezas y debilidades, de las verdades y mentiras, de quienes pretenden ser gobierno, a partir del próximo balotaje. Hasta el 19 del presente mes, tendrá un resumen de ello. En base a él asumirá una decisión definitiva en las urnas, en un marco de pluralismo político. Entonces habrá sellado el destino nacional. Su voto contribuirá a profundizar la democracia recuperada en 1982. Lo hará de manera decidida y transparente, de cara a la historia y a sus congéneres. Ratificará su vocación democrática una vez más. No prestará oídos a voces agoreras ni a los llamados absurdos.
El pueblo boliviano es sabio. Su sabiduría le ha permitido detectar las cualidades positivas de la democracia y las señales negativas que conlleva el autoritarismo retrogrado. De esa actitud analítica proviene su preferencia e inclinación hacia la primera. Ha escogido la opción política más idónea, para la construcción de una convivencia civilizada. En consonancia con la realidad que se impone en la región y en la mayoría de los países. Busca profundizar la praxis democrática, mediante el sistema electoral. Sin trampas ni subterfugios. Incidir a favor del destino nacional y jamás a favor de intereses particulares. Ni de aquellos grupos que se mantienen en la oscuridad.
Su sabiduría le ha permitido responder a los retos más complicados de la historia. Lo hizo en circunstancias en que la Patria lo requería. En una época en la que el autoritarismo hacía de las suyas. El fraude electoral había marcado el retroceso, entre otras cosas. En tiempos de la debacle económica, que implicaba ajustarse los cinturones. Con la canasta familiar inalcanzable y la escasez de artículos de consumo. Con una empresa estatal denominada EMAPA, que no abastecía las exigencias de la población. Ahora empañada por presuntos actos de corrupción. Hechos que han motivado el cacerolazo y fueron aprovechados para promover la convulsión social por ciertos sectores. El pueblo boliviano supo superar las situaciones más engorrosas y complicadas. Ha delineado nuevos derroteros con su sacrificio por el bien común.
Su sabiduría le ha permitido cerrar filas contra el autoritarismo. Lo hizo antes de 1982 y en el pasado reciente. Jamás ha tolerado la imposición ni la impostura. Las páginas de la historia, están plagadas por tales hechos. Las señales se mantendrán de cara al futuro. No habrá fuerza ni individuo que lo cambie de mentalidad política. Ratificará su vocación democrática ahora más que nunca. Concurrirá masivamente a las urnas y aceptará los resultados. No habrá cuestionamientos por su parte. Su movilización en el pasado ha contribuido a recuperar el sistema vigente y ahora su voto enriquecerá los proyectos de transformación nacional. En el momento más desastroso de la coyuntura nacional.
En suma: el pueblo boliviano es el firme e insobornable depositario de los supremos intereses nacionales y de la democracia boliviana restituida en 1982. He ahí una verdad incuestionable.
Está tomando nota el pueblo
Severo Cruz Selaez
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