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Después de mí el diluvio, último adiós del MAS

Ya con un pie en el estribo para buscar a dónde ir, el tolderío gobernante ha dado su grito de despedida y ha proclamado “Después de mí el diluvio”. Está desesperado por tirar la papa que le quema las manos y dejar a Bolivia destruida, después de veinte años de derroche y corrupción. Es una situación de quiebra y posible fuga de culpables a tierras lejanas.
Esa incorrecta labor política se confirma por varios aspectos, como que el país está en estado de ruina, sin dinero suficiente para mantener el sistema de transporte interno e internacional en condiciones normales. Al respecto de la escasez de combustibles, el presidente de YPFB afirmó que había todavía algo, hasta que venga el nuevo gobierno y se encargue de conseguir dólares para importar gasolina y diésel.
Está por demás decir que el aparato productivo de Bolivia, excepto pequeños sectores, está casi paralizado, pues la agricultura se extingue, la crisis económica se agrava, etc. Todo ello es resultado de veinte años de gobiernos masistas que se dedicaron al jolgorio, a la cabeza inicialmente del “primer indígena” que fue presidente de Bolivia en sus doscientos años de vida. Sin embargo, dicho personaje ha conducido al desprestigio a todas las nacionalidades nativas, en especial a la aymara y ni qué decir al país en general.
El presidente de YPFB, institución que recibió cincuenta mil millones de dólares por exportaciones de gas durante los años de bonanza económica, no ha podido ser más franco en esa declaración, pero sin mencionar a dónde fue a parar esa enorme cantidad de dinero, sin mencionar la desaparición de otros miles de millones de dólares de las Reservas Internacionales Netas (RIN).
Ahora, frente a los resultados de esas acciones erradas, los gobernantes del momento dejan ver que ya no hay dinero para importar combustibles y que el nuevo gobierno deberá arreglar el problema. Eso significa que, después de la parranda, los nuevos gerentes del Estado deben hacer revivir al enfermo agonizante a como dé lugar y sin dinero para comprar ni medicamentos baratos.
Además, en vez de ayudar al nuevo gobierno a enfrentar la caótica situación, los gobernantes actuales lo que hacen es crear nuevos conflictos y anunciar el empeoramiento de la crisis que ellos mismos crearon. Tal actitud muestra irresponsabilidad extrema.
Finalmente, para culminar este cuadro terrorífico, algunos parlamentarios del viejo régimen masista, ponen, al parecer, toda clase de pretextos para sabotear el curso de la segunda vuelta electoral, para que no se realice el próximo 19 de octubre. En esa forma, se prolongaría por varios meses la actividad parlamentaria, pero no con el objetivo de legislar, sino para seguir recibiendo 24 mil bolivianos al mes, que es lo que gana un obrero en todo un año.
El caos, pues, se prolonga, después de dos años de crisis, para llegar a elegir un nuevo gobierno que, por lo menos, intente poner fin a la dramática situación actual del país.

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