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La robotización del humano

Gonzalo Peñaranda Taida

La población mundial no percibe, y tampoco le interesa, analizar los cambios que se están produciendo en su entorno social, natural y en su propio organismo mental y físico. No advierte que el humano está siendo convertido en una especie de robot carente de voluntad y conciencia, muchos son esclavos del celular o de la computadora.
En los países del primer mundo la inteligencia artificial ya reemplaza al humano en varias faenas cotidianas sustituyéndolo en las fábricas, oficinas, dejándolo desesperado sin trabajo.
Lo mismo ocurre en el arte, los cantantes, pintores, actores de cine están siendo sustituidos; en el hogar en actividades de limpieza y cocina el humano es reemplazado por la máquina.
¿Por qué noventones y cien añeros ultra millonarios, reyes del mundo digital y la robotización, siguen activando planes de dominación mundial cuando se supone que biológicamente les quedaría muy poco tiempo de vida?, la respuesta es clara, está dentro de los laboratorios de la ciencia que prolongan la vida de esos trastes humanos.
Pero “el diablo no sabe para quién trabaja”, en la medida que el robot se autoperfeccione y adquiera sentimientos humanos, ese día será cuando el robot liquide al hombre convirtiéndolo en su esclavo, sin “discriminaciones”, este proceso es imparable si no se detiene la mezquindad y ambición del poder mundial.
Hay insensatos, con los ojos permanentemente fijados en el celular, a los que no les interesa esta situación, por el bien de sus hijos es necesario sacudirles y echarles un balde de agua fría para que vean a las gentes robotizadas en las calles, en los lugares públicos, académicos o estúpidamente conduciendo criminalmente un automóvil y… es esta gente que elige a sus “gobernantes”.
Los padres de familia para librarse de las naturales travesuras de los niños, “para que no molesten”, optan por paralizarlos poniéndoles en sus manos un celular convirtiéndolos en entes tranquilos a los que cuando se les habla contestan moviendo la cabeza sin emitir palabra alguna. Los padres están formando entes, robots perfectos.
Para dejar de ser idiota es imprescindible un autocontrol en el uso de los medios digitales, emplearlos sólo en los momentos estrictamente necesarios, evitando el dominio de la digitalización sobre la mente, caso contrario la idiotización del humano está sellada.

El autor es jurista.

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