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Preocupación popular

Severo Cruz Selaez

Nuestra gente está preocupada, por todo lo que ocurre en tiempos del balotaje. Pero con la esperanza de que se vislumbre días mejores, luego del verificativo electoral del 19 de este mes. Con la esperanza de que retorne la tranquilidad a los hogares. Con la esperanza de que haya terminado el “canibalismo político”. Con la esperanza de que hayan recuperado la sensatez los actores de la presente contienda. Con la esperanza de que haya superado los dimes y diretes. Las falacias y las calumnias, asimismo. Las falsas promesas, en particular. Ojalá Dios los ilumine, por el bien común.
Nuestra gente subsiste en condiciones adversas. En una coyuntura empañada por la crisis económica que generaron los gobiernos de turno. Golpeada por la pérdida del poder adquisitivo de la moneda nacional. Angustiada por el tamaño diminuto del pan de batalla. Por el elevado precio del arroz, componente de la canasta familiar. Por la escasez del dólar, lo que encarece los medicamentos. Por el racionamiento de combustibles. Por la falta de fuentes de empleo, que provoca la diáspora de jóvenes bolivianos. Pero también surgieron los nuevos ricos, de la era denominada Socialismo del Siglo XXI. Una minoría que amasó fortuna en nombre de los campesinos originarios. “Primero los pobres, luego los demás”, decían demagógicamente, en el Estado Plurinacional. Fortunas que fueron construidas con peculios fiscales. He ahí un pantallazo de nuestra realidad.
Inmersa en una actividad electoral inédita. Una jamás vista en la historia política nacional. Una que concita la atención de la comunidad interna y externa. De ahí que surgieron posturas adversas a dicho evento. Es que lo nuevo siempre ha causado controversia en todo nivel. Nunca hubo una segunda vuelta, en más de 40 años de vida democrática.
Nuestra gente desea escuchar, en este marco, ofertas para solucionar sus problemas más apremiantes, provocados por la crisis económica. No desea escuchar discursos incendiarios ni diatribas. Menos versiones del pasado, que ya no tienen sentido ni vigencia. Actitudes que solo alientan la confrontación entre bolivianos, la disgregación del campo y la ciudad. Y el regionalismo entre oriente y occidente. Dos regiones que se caracterizan como productoras y consumidoras. Se debería imponer el espíritu de integración nacional.
El próximo gobierno, sea cual fuere su color y sigla, requerirá del concurso de nuestra gente, para consensuar medidas que permitan solucionar la desastrosa situación económica que nos legaron quienes se apoderaron del Poder, desde 2006. El trabajo será arduo, sacrificado y hasta incomprendido. Es que no asumirá el Poder provisto de una varita mágica para hacer milagros. Para ejecutar cambios de la noche a la mañana. Para que aparezcan por doquier los dólares o que lluevan los combustibles en el territorio nacional.
En suma: quienes aspiran a manejar la nave del Estado, deberían priorizar las necesidades más elementales de la población. Y despojarse de intereses particulares o sectarios. Ahora más que nunca. Ojalá así sea.

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