Santiago es un joven campesino que apenas sabe leer, escribir y hacer algunos cálculos de sumas y restas. Con ese bagaje de conocimientos escolares deja su hogar –en una zona rural olvidada– y se dirige hacia la gran ciudad.
Nuestro personaje, llega a La Paz. La ciudad le asombra de sobremanera. No sabe qué hacer. Tras un largo caminar, recibe un consejo que será fundamental en su futuro. Con el poco dinero que tiene debe comprar una bolsa grande de pasankallas –un insuflado de maíz que lleva diferentes cantidades de azúcar–, fraccionarlas y venderlas.
Es así que comienza a trabajar uno más de los emprendedores aymaras que, con los años, algo de suerte y muchas vicisitudes puede llegar a formar parte de lo que ahora se conoce como la burguesía emergente, parte de ella inmersa en la economía informal. En las comunidades rurales de Bolivia, la vida de los campesinos es un tejido de esfuerzos diarios, donde cada amanecer trae consigo el desafío de sacar adelante a la familia con los recursos que la tierra y el clima permiten.
Este ejemplo imaginario muestra de manera esquemática el comportamiento empresario liberal de un ciudadano boliviano que empieza un largo camino que, si las condiciones le son favorables, lo puede llevar a convertirse en un empresario.
Bolivia es un país en desarrollo, con una economía en crecimiento y muchos sectores para dinamizar. Sin embargo, establecer empresas se ha convertido en un gran desafío, considerando la burocracia, la informalidad, entre otros obstáculos que hacen que los emprendedores sean personas no solamente visionarias, sino también personas decididas y valientes en un escenario complicado. En Bolivia, donde el entorno empresarial enfrenta múltiples complejidades, estos emprendedores deben sortear trámites tediosos, normativas exigentes y un contexto económico que muchas veces impulsa hacia la informalidad como vía de supervivencia.
A pesar de estos retos, muchos bolivianos muestran una resiliencia notable al lanzarse a crear sus propios negocios, ya sea en sectores como el comercio, la producción artesanal, los servicios o la agricultura. Su determinación les permite navegar en un ecosistema donde coexisten desafíos estructurales y oportunidades latentes. Para ellos, emprender no es solo una opción económica; es también una forma de responder a las necesidades familiares, contribuir al desarrollo local y, en algunos casos, preservar tradiciones culturales.
En nuestro país, alrededor del 85% de la fuerza laboral se desenvuelve en el sector informal, en el que se encuentran muchos pequeños y microempresarios, y trabajadores por cuenta propia.
En este escenario, una de las tareas prioritarias del nuevo gobierno debe ser la formalización del empleo y las microempresas informales, conduciéndolos hacia la legalidad, eliminando la burocracia, que tanto daño ha causado al país.
Si el nuevo gobierno modifica el comportamiento de gestiones pasadas, podría convertirse en el soporte que necesita el emprendedor boliviano para ser el creador de riqueza.
Para que el boliviano emprendedor, ese al que me refiero líneas arriba, pueda avanzar, el gobierno debe ayudar a los bolivianos a crear riqueza, invirtiendo en infraestructura productiva, programas para un acceso libre a la educación y salud que llegue a todos, promover prácticas empresariales amigables con el medio ambiente, capacitarlos en competitividad productiva y generar más empleo, enmarcado en políticas públicas justas, sin discriminación, impulsando políticas gubernamentales transparentes, eficientes y equitativas que beneficien a toda la población y aborden la desigualdad.
La informalidad y la pobreza llegan a conformar un círculo vicioso que, sin un trabajo con adecuada remuneración, puede eternizarse. Este riesgo debe llevar a las nuevas autoridades a facilitar la formalización de las microempresas, para que puedan crear los nuevos empleos que necesitan los jóvenes, y haciendo realidad la recomendación de Steve Jobs –informático y creador de Apple, una de las empresas más innovadoras en el mundo–: si no trabajas por tus sueños, alguien te contratará para trabajar por los suyos.
Para ayudar a los emprendedores surgió el CIZEE (Comité Impulsor de la Zona Económica Especial de El Alto y La Paz), que promoverá zonas francas, zonas económicas de desarrollo y puerto secos, como alternativa muy importante para los emprendedores.
Los empresarios seguiremos apostando por el progreso del país, por la libertad empresarial y la generación de empleos dignos, con condiciones justas a través del fomento del capital humano.
El autor es economista, académico de número de la ABCE y presidente de la Federación de Empresarios Privados de La Paz (FEPLP).
