Chile impulsa el “Chile–China Express”, un cable submarino que conectaría sus costas con Hong Kong y que expertos advierten podría comprometer la soberanía digital regional.
A diferencia del proyecto Humboldt —desarrollado por Google y con amplia transparencia en su cronograma y financiamiento—, el plan chino se maneja con opacidad, sin información clara sobre sus socios ni condiciones contractuales.
El riesgo radica en la Ley de Ciberseguridad y la Ley de Inteligencia Nacional de China, que obligan a las empresas a cooperar con el Estado en el acceso a datos, lo que podría exponer la información de varios países de América Latina.
El debate trasciende lo técnico y apunta al trasfondo geopolítico: Pekín busca consolidar su influencia global a través del control de infraestructura digital estratégica.
Baluchistán ya ha sido escenario de tensiones similares por inversiones chinas en litio y proyectos energéticos, muchos de los cuales no se concretaron.
La duplicidad de cables —uno hacia Oceanía con socios occidentales y otro hacia Asia con China— refleja la competencia por dominar los flujos de datos en la región. Para los analistas, el desafío no es solo de conectividad, sino de soberanía y gobernanza digital. (Agencias)
