Desde la Constitución Política promulgada por Evo Morales en 2009, Bolivia fue denominada Estado Plurinacional, relegando títulos tradicionales como nación y república. Pero no solo hubo ese cambio, sino que el partido político hegemónico de entonces, le dio otras características, al impulsar los cultivos de coca, sin considerar que gran parte de esa producción, particularmente del trópico de Cochabamba, sirve para elaborar cocaína destinada a la exportación.
En consecuencia, en el Estado Plurinacional se flexibilizó el control sobre plantaciones de coca excedentaria, su comercialización y exportación de estupefacientes de la hoja. Pero lo más notable fue que miles de campesinos abandonaron la agricultura tradicional y pasaron a cultivar coca en varias zonas del país, actividad que hizo que los cultivos de alimentos fuesen sustituidos, lo que causó la caída de la producción alimentaria.
Desde 2006, en el Estado Plurinacional aumentó la cantidad de cocales. En 2007, por decreto se aumentó el número de las tierras de cultivo de la hoja, pasando de 12 mil a 24 mil hectáreas, cifra la que se debería añadir el número de plantaciones clandestinas, con las que el aumento es mayor.
La intensidad del comercio de la hoja causó preocupación internacional, pero el gobierno del MAS no alteró su política y, desde entonces, el negocio de la coca y derivados quedó casi institucionalizado. Es más, se constató que grandes cantidades de la hoja eran enviadas a “fábricas” de cocaína, cuya producción estaba destinada a la exportación clandestina. Al extremo que se anunciaba que aviones comerciales aterrizaban con toneladas de cocaína en países como Brasil, Perú, Argentina e inclusive en países lejanos.
Tales denuncias hicieron que Bolivia fuese objeto de observaciones de todo tipo, a pesar de la propaganda del socialismo del Siglo XXI, que aseguraba que Bolivia solo era país de tránsito de la droga. Pero como en nuestro país las medidas de control no tenían fines ciertos, el problema se fue agravando, pues, según informaciones externas, no sólo creció la producción de coca y derivados, sino que se percibe la presencia de miembros de cárteles del narcotráfico, particularmente en el oriente, lo que se comprueba por varios casos de ajustes de cuentas, movimiento de grandes cantidades de dinero ilícito, descubrimientos de fábricas de cocaína, heroína, inclusive en poblaciones del occidente. Lo cierto es que un nuevo gobierno heredará tan grave, sin tener, al parecer, los instrumentos necesarios para acabar con la economía de la hoja de coca y derivados, por tanto, la cuestión es preocupante.
Entonces, cabe preguntar si el nuevo gobierno mantendrá el problema o adoptará medidas eficaces. Al respecto, algunos opinan que se debería hacer reformas en las normas contra el narcotráfico, otros creen que se debe adoptar determinaciones radicales, a fin de eliminar de raíz el narcotráfico y normalizar la vida económica boliviana.
