El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, lanzó una apasionada defensa de la democracia de su país, afirmando que la reciente condena de su predecesor de extrema derecha, Jair Bolsonaro, había mostrado al mundo cómo se podía poner en vereda a los “aspirantes a autócratas”.
En su intervención en la inauguración de la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York, Lula elogió el exitoso esfuerzo de Brasil para repeler un ataque sin precedentes del movimiento de extrema derecha de Bolsonaro. El 11 de septiembre, el exparacaidista fue condenado a 27 años de prisión por intentar un golpe militar tras perder las elecciones de 2022 contra Lula.
En tanto, el izquierdista sudamericano advirtió que la amenaza global persiste. “En todo el mundo, fuerzas antidemocráticas intentan subyugar las instituciones y sofocar las libertades. Rendimos culto a la violencia, glorificamos la ignorancia, actuamos como milicias físicas y digitales y restringimos la prensa”.
En una referencia inequívoca, pero indirecta a la administración Trump, Lula criticó los intentos extranjeros de interferir en el reciente juicio a Bolsonaro con una campaña de presión de aranceles y “sanciones arbitrarias”.
Las relaciones entre Estados Unidos y Brasil se deterioraron en el período previo a la cumbre anual, con el presidente estadounidense imponiendo aranceles del 50% a las importaciones brasileñas como resultado de lo que llamó la “ejecución política” de su aliado de derecha.
Veinticuatro horas antes del discurso de Lula, funcionarios de Trump anunciaron nuevas sanciones contra las autoridades brasileñas, revocando las visas del fiscal general del país, Jorge Messias, y de otros seis funcionarios. También afectó a la esposa de Alexandre de Moraes, juez de la Corte Suprema que presidió el juicio de Bolsonaro, con las sanciones Magnitsky, generalmente utilizadas para castigar a los autores de graves abusos contra los derechos humanos, como crímenes de guerra o tortura.
“Que esto sirva de advertencia a otros que amenazan los intereses estadounidenses al proteger y permitir a actores extranjeros como Moraes: serán responsables”, tuiteó Marco Rubio, el secretario de Estado.
Lula respondió a la ONU, señalando a los delegados: “No hay justificación para medidas unilaterales y arbitrarias contra nuestras instituciones y nuestra economía. La agresión a la independencia del poder judicial es inaceptable”.
Inmediatamente después de Lula, Trump acusó a Brasil de “censura, represión, corrupción judicial y persecución de críticos políticos”. Pero, inesperadamente, el presidente estadounidense dejó abierta la posibilidad de una reconciliación con su homólogo sudamericano, con quien se topó al llegar a la sede de la ONU. “Lo vi, él me vio y nos abrazamos”, sostuvo Trump sobre Lula.
“Tuvimos una buena conversación y acordamos reunirnos la próxima semana… al menos durante unos 39 segundos tuvimos una química excelente, es una buena señal”, agregó Trump, quien no mencionó a Bolsonaro en su discurso.
La campaña de presión estadounidense no logró hasta ahora salvar el pellejo de Bolsonaro. El político de 70 años se encuentra bajo arresto domiciliario y se espera que sea puesto bajo custodia antes de fin de año. Una posible condena sería una cárcel de máxima seguridad en la capital, Brasilia.
El lunes, el gobierno de Brasil expresó su “profunda indignación” por las últimas sanciones estadounidenses, calificándolas de un insulto a “una democracia que se defendió con éxito contra un intento de golpe de Estado” y a “201 años de amistad” entre las dos naciones.
Las enormes protestas a favor de la democracia del domingo, en las que manifestantes de izquierda denunciaron la interferencia de Estados Unidos y quemaron una bandera estadounidense, parecen haber dañado aún más las esperanzas de Bolsonaro de conseguir una amnistía que podría ayudarle a evitar la cárcel.
La campaña de presión de Trump también parece haber reforzado las posibilidades de Lula de ganar un histórico cuarto mandato en las elecciones del próximo año. Los decaídos índices de aprobación de Lula se recuperaron en las últimas semanas, con el veterano izquierdista posicionándose como un patriota que defiende la amenaza gringa.
“Ante los ojos del mundo, Brasil envió un mensaje a todos los aspirantes a autócratas y a quienes los apoyan. Nuestra democracia y nuestra soberanía no son negociables”, manifestó Lula, de 79 años, ante la Asamblea de la ONU entre aplausos.
En otra crítica indirecta a Trump, Lula criticó los recientes ataques estadounidenses a embarcaciones venezolanas en el Caribe, que causaron la muerte de al menos 17 personas. “Usar fuerza letal en situaciones que no constituyen conflictos armados equivale a ejecutar a personas sin juicio”, apuntó Lula, instando a que la región siga siendo “una zona de paz”. (The Guardian)
