InicioSeccionesOpiniónDe motor económico a liderazgo nacional: el desafío cruceño

De motor económico a liderazgo nacional: el desafío cruceño

Ronald Nostas Ardaya

Santa Cruz celebra el 215 aniversario de su gesta libertaria en un contexto nacional complejo, marcado por la transición política más importante de los últimos 20 años, el fin del ciclo estatista y populista, y el inicio de la peor crisis de nuestra historia reciente.
Desde hace 50 años, el dinamismo de sectores como la agroindustria, ganadería, industria manufacturera, comercio exterior, servicios financieros, entre otros, han sostenido a Santa Cruz como la región más dinámica y la que marca el pulso de la producción y el desarrollo de todo el país. Hoy, el departamento aporta con el 33% del PIB, el 47% del empleo privado formal, el 28% del valor de las exportaciones; el 44% del crédito productivo; el 38% de la recaudación tributaria y el 77% de la producción agrícola.
Paradójicamente, esos resultados lejos de inmunizarlo, lo convierten en objetivo de intereses políticos que buscan neutralizarlo. No es casual que los bloqueos, avasallamientos, restricciones a la biotecnología o la suspensión de exportaciones hayan sido recurrentes, sobre todo en los últimos años.
Sin embargo, la coyuntura exige claridad y coherencia. Santa Cruz tiene la mayor población del país, una de las bancadas parlamentarias más numerosas, y la posibilidad cierta de colocar su agenda en la planificación nacional. Pero esas ventajas se diluirán si sus actores políticos, institucionales, empresariales y sociales no logran articularse en torno a un proyecto común. Lo que está en juego no son únicamente reivindicaciones regionales, sino la oportunidad de rediseñar una estrategia nacional de desarrollo desde una visión de sostenibilidad, integración y modernidad.
Los desafíos son inmediatos y múltiples. En lo social, el departamento deberá absorber una nueva ola de migración interna provocada por la crisis económica, que demandará mejorar los servicios de salud, educación, vivienda y transporte, y obligará a ajustar las políticas urbanas de manera urgente.
En lo económico, el gran reto será sostener el crecimiento, no por inercia, sino a partir de decisiones estratégicas. La agroindustria necesita reglas claras, seguridad jurídica, acceso a biotecnología y mercados externos sin restricciones arbitrarias. La ganadería y la industria manufacturera deben avanzar hacia una producción sostenible y con valor agregado. Las exportaciones requieren corredores bioceánicos funcionales y una Hidrovía garantizada. Sin estas condiciones, la competitividad cruceña corre el riesgo de estancarse y, con ello, de arrastrar a todo el país a una parálisis productiva.
Pero quizá la mayor amenaza es la inseguridad ciudadana. El aumento del delito, potenciado por el narcotráfico, el contrabando y un sistema judicial debilitado, coloca a Santa Cruz en una situación crítica. La violencia urbana y las mafias que operan en frontera no son ya fenómenos aislados: están comenzando a instalarse como una sombra siniestra en la vida cotidiana de los ciudadanos.
El medio ambiente es otro desafío urgente. Las sequías, los incendios forestales, las inundaciones y la deforestación se repiten cada año con mayor intensidad, afectando no solo a los ecosistemas, sino a la producción agrícola y ganadera. El cambio climático, junto con la erosión, la desertificación y la tala ilegal de los bosques dejó de ser una amenaza futura: es una crisis presente que ya está impactando la calidad de vida. Santa Cruz no puede seguir postergando la transición hacia prácticas sostenibles, ni esperar que el Estado central asuma responsabilidades que sistemáticamente evade.
Santa Cruz está en un momento de inflexión. Hoy tiene la oportunidad de demostrar que su liderazgo no se mide solo en cifras, sino en la capacidad de sus líderes para ofrecer respuestas inmediatas a problemas urgentes. Ya no basta con denunciar al centralismo o victimizarse ante las agresiones externas. Tampoco alcanza con los discursos épicos. Lo que la historia demanda hoy es lucidez, unidad y capacidad de conducción.
La pregunta es si quienes tienen la responsabilidad de representar a Santa Cruz sabrán dejar de lado sus intereses inmediatos y construir una estrategia común que permita llevar al departamento al siguiente nivel.

El autor es Industrial y ex Presiente de la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia.

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