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Si nos fallan, haremos un Nepal 2.0

Jhonny Vargas

Nepal ya nos mostró el camino. “Los políticos se enriquecen mientras nosotros sufrimos, por eso ayudé a derrocar al gobierno de Nepal en 48 horas”, es el testimonio orgulloso de una manifestante de la “generación Z”, que cuenta lo sucedido a los medios internacionales tras el levantamiento juvenil que dejo al menos 72 muertos y miles de heridos. Esto terminó con un Parlamento incendiado. Todo comenzó por una prohibición a las redes sociales. Además, las denuncias sobre nepotismo y corrupción fueron el principal motor de la revuelta juvenil, en una sociedad nepalí marcada por crecientes desigualdades, donde las elites políticas exhibían el lujo ostentoso del régimen dictatorial comunista. Las protestas de la “generación Z” (nacidos aproximadamente entre mediados de los 90 y principios de los 2010) contra el nepotismo, la corrupción y el abuso de poder traspasaron las fronteras. Es una generación muy familiarizada con las redes sociales, con un deseo de autenticidad único. Nos mostró que es posible el cambio, cuando el deseo de imponerse sobre todos, no es la mejor opción.

En Bolivia si nos falla esta clase política decadente, haremos un Nepal 2.0. Parece que las condiciones se están dando, para replicar aquí lo sucedido en Nepal. La próxima revolución boliviana, será infinitamente más que una serie de insurrecciones en los campos y las ciudades, será más que una simple lucha de partidos, más que una batalla en las calles y mucho más que un simple cambio de gobierno. Si el régimen dictatorial planea cometer nuevamente un fraude electoral, como en 2019, la “generación Z” no perdonará esta gran equivocación. El pueblo boliviano está harto del poder arbitrario del gobierno masista, de los privilegios de los masistas que monopolizan los mejores puestos en el gobierno, como es el caso de Teresita Quinteros Solares, quien supuestamente es pareja del mandatario Arce Catacora, como funcionaria en la Unidad de Coordinación de Programas y Proyectos del Ministerio de Economía. Además, otros cinco miembros de la familia, también fueron nombrados en distintas instituciones estatales. ¿Acaso esto no huele a nepotismo y presunto uso indebido de influencias?

No sé qué va a suceder, pero parará algo y pronto, tal vez el detonante sea el resultado electoral del 19 de octubre. Sea lo que sea, este algo trae consuelo ante las miserias del pueblo boliviano. Solo sé que los jóvenes bolivianos tendrán un protagonismo fundamental para este cambio, solamente ellos tienen fuerza de ataque como en Nepal, para promover cambios profundos en instituciones caducas. El pueblo odia a instituciones de este régimen de gobierno, como la Aduana Nacional, Impuestos Nacionales, TSE, Emapa y entidades sindicales que apoyan al oficialismo, puesto que hacen la pobreza mucho más pesada. Hacen infeliz al pueblo boliviano.

El odio se está fermentando desde hace mucho tiempo, a medida que los abusos de poder y la corrupción se hacen más insoportables. La rabia y la misma necesidad de cambio, sostendrán las incesantes rebeldías de los jóvenes bolivianos. Y permitirán la llegada de un nuevo gobierno, republicano. Sin rebeliones juveniles, sin la desorganización completa de los dispositivos de seguridad, en los departamentos y provincias, como consecuencia de los motines estudiantiles sin cesar, sin esa reacción pronta del pueblo de La Paz, Cochabamba y Santa Cruz, en especial, al levantarse y marchar contra las fortalezas de la arbitrariedad, sería imposible un cambio en el estado de cosas. Y es que la juventud es fuente viva de la revolución.

La infelicidad de los jóvenes bolivianos, en especial de la generación Z, es espantosa, como producto de los gastos innecesarios y excesivos del Estado Plurinacional. La cantidad de jóvenes bolivianos que se van del país anualmente es cada vez más grande, su existencia se hace más incierta porque no hay buen futuro en este país. Peor todavía con los intentos de parte del régimen dictatorial de Bolivia de querer siempre censurar las redes sociales. La desesperación por la falta de oportunidades para desarrollarse en su propio país, impulsa a los jóvenes bolivianos a amotinarse, con la esperanza de obtener algún alivio, lo que conduce a la revolución Z. Los jóvenes han soportado casi 20 años el adoctrinamiento y la opresión, pero cuando el desgaste del régimen es tal, ellos comprenden que siempre que hay debilidad autoritaria se produce un cambio de gobierno, en un proceso electoral lleno de incertidumbre. Si la situación no mejora, los jóvenes pueden comenzar a rebelarse y estallar un nuevo levantamiento juvenil para la historia.

En los desórdenes, después de conocidos los resultados del 19 de octubre, tomarán parte activa los jóvenes. La juventud es la esperanza de todo pueblo. Y si el pueblo quiere hacer justicia por sí mismo no hay quien pueda detenerlo. Es evidente que el irresponsable gobierno masista, no puede durar más, mil circunstancias, impulsan a los jóvenes bolivianos y demás gente cansada con el régimen a la rebeldía. El pueblo cansado e impulsado por la desesperación ante la crisis económica y por la nueva esperanza de cambio democrático, saldrá a las calles. Así que, régimen dictatorial no te equivoques, no quieras volver a repetir las imágenes del 2019. El gobierno se derrumbó, quiere pactar impunidad con la nueva administración. El pueblo boliviano desconfía del gobierno en este proceso electoral y su repudio al oficialismo crece cada día más. Espero que esto no suceda, espero estar equivocado, pero lo que sucedió en Nepal, puede suceder también en Bolivia.

 

Jhonny Vargas es Politólogo y Docente de Postgrado.     

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