La seguridad vial en Bolivia atraviesa una crisis silenciosa. Las cifras de siniestros de tránsito deberían alarmarnos. Según datos tanto del INE como de Tránsito, en 2024 hubo en el país 18.304 accidentes de tránsito, un leve descenso respecto al año anterior, pero con mayor letalidad. Los hechos fueron más graves y dejaron 15.817 personas heridas, un 5,09% más que en 2023, según el Observatorio Boliviano de Seguridad Ciudadana y Lucha contra las Drogas. Entre las víctimas, al menos 1.580 eran niños y adolescentes, lo que refleja falta de prevención, que golpea a los sectores más vulnerables.
El costo económico no es menor. La aseguradora estatal Univida reportó más de Bs 101 millones desembolsados por el SOAT en 2024, monto que representa no solo gasto financiero, sino también un indicador del drama humano detrás de cada siniestro. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recuerda que cada año mueren en el mundo 1,19 millones de personas por hechos viales, lo que convierte al tránsito en una de las principales causas de muerte evitable.
Por ello, Bolivia no puede seguir apostando únicamente a campañas o planes tradicionales a corto plazo o controles esporádicos. La educación vial debe ser pilar central. Y la Inteligencia Artificial (IA) puede convertirse en un aliado estratégico. No hablamos de ciencia ficción, sino de herramientas que ya se aplican en otros países y que podrían adaptarse al contexto nacional.
Hay al menos seis líneas de acción posibles. La primera es la implementación de aulas viales inteligentes en escuelas y colegios, con chatbots pedagógicos que enseñen normas de tránsito en castellano, quechua, aimara y guaraní, adaptando las lecciones al ritmo de aprendizaje de cada estudiante. En segundo lugar, los simuladores de realidad virtual con IA permitirían que aspirantes a la licencia de conducir o choferes del transporte público enfrenten escenarios de riesgo sin exponer vidas reales, midiendo su tiempo de reacción y sus decisiones en cruces, climas adversos o situaciones de fatiga.
Una tercera apuesta es el uso de plataformas móviles con módulos cortos y adaptativos para capacitar a transportistas y conductores profesionales. Estos sistemas pueden incluso detectar patrones de conducción riesgosa a partir de registros telemáticos y sugerir correcciones en tiempo real. La cuarta apuesta sería la analítica predictiva que, al integrar datos de Policía, hospitales y aseguradoras, anticipe cuáles son las zonas y horarios con mayor riesgo de accidentes, permitiendo planificar campañas y controles más focalizados.
A ello se suman propuestas innovadoras como la auditoría escolar segura, mediante visión computarizada, que evalúe el tránsito alrededor de las unidades educativas, para ajustar señalización y medidas de protección. La producción de campañas educativas generadas por IA, capaces de diseñar mensajes diferenciados para adolescentes, motociclistas o transportistas, evaluando cuál narrativa es más efectiva para cambiar comportamientos.
Para avanzar en esta agenda se requiere voluntad política, inversión pública y coordinación interinstitucional. El Decreto Supremo 2.079 ya mandata fortalecer la seguridad vial con estándares internacionales, lo que abre un marco normativo adecuado. El desafío está en que el Ministerio de Educación, la Policía de Tránsito, las aseguradoras, los municipios y las universidades trabajen de forma conjunta, con transparencia en el uso de datos y auditorías éticas para evitar sesgos o vulneración de la privacidad.
Los beneficios serían visibles en poco tiempo: reducción de infracciones graves, menos lesionados en zonas escolares y un mayor conocimiento vial en estudiantes y conductores. Pero, sobre todo, estaríamos formando una nueva cultura ciudadana que entienda la seguridad vial como una responsabilidad compartida y no como un trámite más…
IA para transformar la educación vial
Elviz Núñez Fernández
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