En los primeros años del siglo pasado, la producción del estaño subió vertiginosamente y sus administradores obtuvieron grandes ganancias durante cincuenta años, sin que el pueblo y el Estado de Bolivia se hubiesen beneficiado con esa riqueza. Por esa forma de explotación colonial apenas se pagaba un impuesto de 3 por ciento y como no había control de divisas, la mayor parte de ese dinero fugaba del país, sin dejar ni mínimas inversiones. Por lo tanto, la economía boliviana quedaba con escasa cantidad de divisas.
Esa situación cambió momentáneamente en 1939 y 1943, cuando se impuso el control total de las divisas que obtenían los grandes exportadores. Por vez primera, el estaño benefició a Bolivia, aunque factores externos pusieron fin a esa política económica nacional. El control de divisas volvió a imponerse en 1952. De 1964 hasta 1981 se mantuvo esa medida, haciendo que Bolivia tenga con importantes ingresos de divisas.
En 1985, el Art. 5to. del Decreto Supremo 21.060 “mantiene el régimen de venta obligatoria al Estado, del cien por ciento (100%) de las divisas provenientes de la exportación de bienes y servicios, de los sectores público y privado…”. En 1997, cuando era presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, el DS 24.756 elimina la entrega obligatoria de divisas.
Al presente, por falta de control de divisas, continúa la fuga de divisas de exportación, agravando la crisis económica que sufre el pueblo boliviano, al extremo que no hay suficiente dinero para importar alimentos, diésel, gasolina y otros. Al respecto, cabe mencionar una posición contraria, según la cual obligar a los exportadores a traer sus dólares al país es una equivocación, pues ellos necesitan recursos para importar insumos o beneficiarse con tasas de interés más elevadas que las nacionales. Además de que podrían hacer inversiones más ventajosas y ampliar sus negocios.
En cuanto al oro, hoy su explotación ha proliferado, pero las ganancias no benefician al país, pues prevalece una minería irregular, que no paga impuestos en la medida que corresponde, además de que, por falta de control, degrada tierras y contamina cursos de agua.
Otro grave problema es la falta de información sobre la situación actual de las reservas de oro, de las cuales una cantidad ha sido monetizada para contar con dinero para la importación de combustibles, el pago de la deuda externa y otras. Mientras que las autoridades aseguran que operaciones financieras realizadas con las reservas de oro han sido realizadas de acuerdo con normas vigentes, desde la opinión pública se demanda datos en detalle, considerando que una norma establece que “en caso de la pignoración del oro ésta deberá contar con aprobación Legislativa”.
De cualquier manera, el próximo gobierno tendrá que dilucidar asuntos como el control de divisas, el manejo adecuado de las reservas de oro y vigilar su exportación de manera irregular. Es necesario tomar en cuenta que el oro actualmente es acopiado por muchos países que desean lograr protección ante cualquier desequilibrio económico.
Salida de divisas y la crisis económica
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