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Las sandeces del cordero

“Los bolivianos nacieron en el altiplano, por lo tanto, tienen disminución del oxígeno cerebral”. Esa fue una de las polémicas frases con las que la diputada chilena María Luisa Cordero se refirió a los bolivianos en una sesión de la Cámara de Diputados de Chile, en la que se trató el control fronterizo a la importación de autos. Cordero, además, aseveró que los bolivianos son “portadores crónicos, desde el nacimiento, de una encefalopatía hipóxica, que fue descrita y descubierta por un grupo de norteamericanos. Y se dieron cuenta de la bradipsiquia, que es el nombre elegante para decir la tontorrones de los vecinos, y eso es crónico, no tiene remedio”. También dijo que “sin ánimo de ser denostadora, estoy haciendo una descripción de la fisiología del cerebro de los bolivianos”.
Tanta sandez pronunciada en menos de un minuto llama la atención, sobre todo porque la pronunció una parlamentaria de un país que no se puede decir que sea subdesarrollado ni pobre, sino todo lo contrario. La sandez, además de haber mellado el honor de millones de bolivianos, llama la atención porque puede ser objeto de un análisis político y científico. Lo importante es elaborar un análisis razonado sobre las palabras que vierten aquellos que, a veces por mérito propio, a veces por azares del destino, ocupan sitiales de visibilidad pública y tienen una voz que es escuchada por millones.
En primer lugar, habría que poner en cuestión aquello de que todos los bolivianos son altiplánicos. En realidad, según el Censo de Población y Vivienda 2024, la mayor parte de los bolivianos (más del 60 por ciento) nacen o viven en valles y tierras bajas; ergo, eso de que “los bolivianos nacieron en el altiplano” es una falsedad que denota ignorancia en quien la dice. Ese leitmotiv de que Bolivia es un país altiplánico se debe a varias décadas en las que ciertamente el grueso de la población nacía, vivía y moría en tierras altas, donde se concentraba gran parte de la actividad económica y había más oportunidades.
Las palabras de esa diputada son, ciertamente, xenofóbicas y discriminadoras y podría decirse que son la continuación de aquellos ecos positivistas que marcaron la ciencia y el pensamiento político a fines del Siglo XIX y comienzos del XX. Y también son la expresión de lo que Vargas Llosa hubiera llamado un pensamiento tribal. Pero todo xenófobo y discriminador, ya sea por prejuicios racistas o de clase, es un ignorante, y respecto a un ignorante no hay que sentir odio o cólera, sino más bien empatía y lástima. Se entiende que la “dignidad nacional” boliviana, si es que ésta existe, se vea mellada por tales tonterías, pero un espíritu libre debería defenderlas por defender la libertad, incluso la del idiota o corto de entendimiento.
Ahora la Cancillería boliviana, que en realidad tiene mil cosas más importantes que hacer y no las hace, seguramente hará gestiones para que el Gobierno chileno, a través de sus diplomáticos, ofrezca disculpas o algo así, aunque ello nada cambie: ni la mentalidad de los chilenos tontos ni la de los bolivianos nacionalistas. Lo que habría que hacer es ignorar la estupidez y seguir adelante con lo que importa.

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