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Hambruna en Gaza ataca a sectores vulnerables “enfermos o cansados”

> El hambre catastrófica causada por el bloqueo de la ayuda la sienten con mayor intensidad las personas mayores, los jóvenes y los indigentes.

En las calles superpobladas y llenas de escombros de la ciudad de Gaza, no hubo sorpresa alguna ante el anuncio de que expertos respaldados por la ONU creían que las escenas de desesperación ahora podían describirse formalmente como una hambruna.
“Esto es algo que llevamos meses diciendo, y lo hemos presenciado, vivido y sufrido. Nos sentimos muy impotentes, muy enfermos y muy cansados”, sostuvo Amjad Shawa, director de la Red de ONG Palestinas, quien estuvo en la ciudad de Gaza durante los 22 meses de guerra.
El viernes, la Clasificación Integrada de Seguridad Alimentaria en Fases (IPC), una organización reconocida mundialmente que clasifica la gravedad de la inseguridad alimentaria y la malnutrición, encontró que se habían cumplido tres umbrales clave para una declaración de hambruna en el otrora bullicioso centro comercial y administrativo.
El IPC solo declaró cuatro hambrunas desde su creación en 2004, la más reciente en Sudán el año pasado. “Esta hambruna es totalmente provocada por el hombre; puede detenerse y revertirse”, afirma el informe. Advierte de un aumento exponencial de muertes si “no se implementa un alto el fuego (…) y no se restablecen de inmediato los suministros de alimentos esenciales y los servicios básicos…”.
Los más vulnerables entre los palestinos que viven actualmente en la ciudad de Gaza, se cree que son entre 500.000 y 800.000 personas, quienes corren mayor riesgo, especialmente las personas mayores, los jóvenes, los enfermos o los socialmente aislados, señalaron funcionarios de ayuda.
“No tengo nada que cocinar ni dinero para comprar leña. Comemos un poco por la mañana para saciar el hambre y un poco más por la noche. Solo como za’atar (mezcla de especias), queso o simplemente sal con pan, nada de verduras, nada cocinado”, relató Sabah Antaiz, de 55 años, quien fue desplazada del barrio de Tuffah, en el este de la Ciudad de Gaza, por las recientes ofensivas israelíes.
Antaiz tiene hipertensión, diabetes y una afección cardíaca. Su esposo, de 60 años, está muy enfermo y no puede trabajar ni recoger comida. “No nos queda nadie, nadie que me apoye o que ni siquiera nos traiga comida. Perdí a unos 10 miembros de mi familia en un ataque aéreo en el barrio de Tuffah: mi padre, mi madre, mis sobrinos y sobrinas, y los hijos de mis hermanos y hermanas”, explicó Antaiz.
Las autoridades israelíes endurecieron el bloqueo existente sobre Gaza al comienzo del conflicto en octubre de 2023 e impusieron una prohibición total de suministros durante dos meses en marzo y abril. En las últimas semanas, llegó más a Gaza, aunque solo una fracción de lo que se necesita, según las organizaciones humanitarias. El precio del azúcar pasó de unos 100 dólares (74 libras) por kilogramo a unos 7 dólares, pero muchos otros productos siguen siendo demasiado caros para el 90% de la población sin ingresos. Los tomates cuestan 30 dólares por kilogramo.
Ibtisam Saleh, de 50 años, quien vive en una tienda de campaña en la ciudad de Gaza tras haber sido desplazada 20 veces, sostuvo que no tenía comida ni fuente de ingresos. “Lo que tenemos ahora proviene solo de ayuda humanitaria o donaciones. Antes de la guerra, recibía 100 dólares al mes de la embajada de Qatar porque estaba divorciada y tenía un hijo. Pero desde que empezó la guerra, no hemos recibido nada”, aseveró Saleh.
Saleh come una sola vez al día, generalmente lentejas, aunque a principios de esta semana una vecina le dio una pequeña bolsa de arroz. “No tengo fuerzas para hacer fila para recibir mi parte (de la ayuda alimentaria). Una vez me desmayé mientras esperaba. El sol era muy fuerte y soy hipertensa. Debido al calor, me bajó la presión arterial y perdí el conocimiento”, sostuvo Saleh.
Además de los enfermos y ancianos, también hay quienes se encuentran en la indigencia. Tras casi dos años de desplazamiento y privaciones, pocos en la ciudad de Gaza cuentan con recursos físicos o financieros.
“Esta población ha sido despojada de toda resiliencia… No les queda absolutamente nada. No hay margen de seguridad alguno. Están al borde del abismo”, declaró un funcionario de ayuda humanitaria de la ONU que supervisa las operaciones en Gaza.
Existe una profunda preocupación por el extremo norte de Gaza, donde miles de personas aún viven entre ruinas en las peores condiciones humanitarias del devastado territorio, aunque los datos allí no fueron suficientes para que el IPC pudiera emitir un juicio sobre la categoría de la crisis.
En la ciudad de Gaza, las familias duermen a la intemperie en las calles sin refugio o se apiñan en apartamentos o campamentos de tiendas de campaña abarrotados y deteriorados, donde proliferan moscas, mosquitos y enfermedades infecciosas. La basura se acumula por todas partes y el humo asfixiante de los plásticos que se queman en las hogueras provoca tos crónica. En las últimas semanas, las temperaturas se dispararon.
Riham Kraiem, de 35 años, vive en una tienda de campaña en la Ciudad de Gaza con su esposo desempleado y sus 10 hijos, de entre dos y 18 años. Tuvieron que abandonar su hogar en Beit Hanoun, una ciudad del norte ahora devastada, hace tres meses. Un ataque militar israelí cerca de la escuela donde se refugiaban los obligó inicialmente a ir a la Ciudad de Gaza.
“Durante los últimos tres meses, no hemos recibido dinero ni ayuda. Ya no tenemos dinero para comprar nada, aunque los precios han bajado”, sostuvo Kraiem. “Mis hijos me piden muchas cosas… Quieren que les prepare dulces, pero no puedo porque no tenemos dinero. Solo comemos dos veces al día: una por la mañana y otra por la noche. Esta mañana, preparé una lata de lentejas y nos la comimos. Por la noche, solemos comer tomillo o queso con pan y, a veces, solo pan”.
Kraiem señaló que no le quedaban víveres. “Dejamos algunos en casa cuando huimos, y la casa quedó destruida”, dijo. “Ayer, mi hijo fue a buscar ayuda y consiguió un kilo de pasta y una lata de salsa de tomate. Se los dio un joven que los había conseguido en un punto de distribución de alimentos. Regresó sintiéndose como si volara de felicidad”.
Israel rechazó las conclusiones del informe del IPC, afirmando que no hay hambruna en Gaza y que los hallazgos se basan en “mentiras de Hamás blanqueadas a través de organizaciones con intereses creados”. (The Guardian)

 

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