El 17 de agosto los ciudadanos bolivianos acudiremos a las urnas a emitir nuestro voto para elegir a un nuevo gobierno, luego de superar varias dificultades, promovidas por corrientes anti democráticas que intentaron e intentan entorpecer las elecciones, que son el vehículo en democracia, para que el pueblo ejerza su soberanía dándose el gobierno que elija.
En el inicio del proceso electoral y por la presión de importantes sectores de la sociedad, los “opositores” al régimen, acordaron ofrecer una sola candidatura, que emerja de una consulta a la ciudadanía, en “primarias”, que incluso estaban normadas como obligatorias, pero se dejó de lado esta norma, y el acuerdo opositor fracasó debido al apuro electoral de algunos precandidatos. Sin embargo, importantes sectores sociales, siguieron pidiendo “unidad”.
En el cuadro electoral, tenemos nueve candidaturas, de las cuales dos representan al régimen que nos gobierna ya casi dos décadas, otras que se consideran abiertamente opositoras al populismo de corte socialista y proponen un cambio profundo, algunas que se han ubicado en medias aguas, pues mantendrían algunas políticas del régimen, otras que resultan marginales por el bajo porcentaje de votos que obtendrían. En general, la ciudadanía votará por un cambio de políticas o por la continuidad de las mismas.
Un viejo pensamiento de nuestra política, dice: “ofrezcan, ofrezcan, que ofrecer no empobrece”. En este período de campaña, los candidatos han ofrecido de todo, desde un hospital de mascotas, a la creación de millones de empleos, convertir al país en una ciber sociedad informatizada, la industrialización de litio, convertir al país en un gran centro turístico mundial, por supuesto, erradicar la crisis multidimensional que nos agobia y otras ofertas de gobierno muy alejadas de nuestra realidad nacional.
El próximo gobierno ha de ser de transición, pues reordenar el Estado boliviano que ha sido objeto de improvisación, corrupción, anomia legal, en general “mediocridad”, ha de demandar del próximo gobierno, toda su gestión, solo con esa finalidad, pues el cuadro de deterioro del Estado es alarmante. Hay una crisis institucional del Estado. Se requiere toda una reingeniería jurídica, social y política, para que el Estado boliviano, reordenado, vuelque sus fines al desarrollo y al bien común.
A pesar de que la unidad de la creciente corriente opositora al régimen no ha sido posible, el hecho de acudir a las urnas mayoritariamente, ha de ser ya un primer signo de unidad, pues importa que nos unimos con la finalidad de elegir un nuevo gobierno, que pueda encarar con éxito, las soluciones que nuestro país necesita con urgencia, y que desechamos las consignas del populismo fundamentalista para el voto nulo.
La unidad de la mayoría del pueblo, que vote por una candidatura posible, y decimos posible, no solo por la cantidad de votos que pueda obtener, sino por la certidumbre de que, en caso de ser gobierno, tomará las medidas aconsejables para el buen gobierno, que sus políticas respondan a los intereses de la patria, por encima de posturas partidistas, de grupo o de intereses foráneos. Es la hora de las definiciones, pues estas elecciones, son distintas a otras, ya no es solo optar por un cambio de personas, sino por un cambio de políticas de Estado y de gobierno, que duren otros dos decenios o más.
No olvidemos nuestra historia, que está llena de actos de valor y renunciamiento por una causa mayor, como cuando José Miguel de Velasco entregó sus tropas con las que tomaría el poder, a su rival José Ballivián para combatir la invasión del presidente peruano Agustín Gamarra, que pretendía anexarnos al Perú, fue en la batalla de Ingavi que se consolidó la independencia del país. O cuando los bolivianos acudimos a las guerras con nuestros vecinos, por encima de partidos, regiones, grupos sociales etc., para defender la heredad territorial que nos legaron los padres de la patria.
El futuro del país está en manos de la ciudadanía, y se debe responder a la altura de las circunstancias que demanda el país en sus 200 años de vida independiente. El próximo gobierno ha de ser el “Gobierno del Bicentenario”, como un nuevo tiempo de realizaciones patrióticas.
El autor es Abogado, Politólogo, escritor y docente universitario.
