El 2025 será el año de la unidad y del consenso. Los bolivianos ratificarán su vocación democrática, concurriendo a las urnas electorales. Pese que están lastimados por la crisis económica. Por los berrinches de quienes pretenderán deslegitimar a los que resulten electos en los comicios. El despropósito surge de los sectores que buscan mantener el modelo estatista como esquema de desarrollo. Que aplican políticas contrarias al crecimiento de la iniciativa privada. Que obedecen consignas del Socialismo del Siglo XXI y de sus esbirros. Que asumen sus recetas para no ser desplazados del Poder. Socialismo que somete a pan y agua a sus pueblos. Que abarrota las cárceles con presos políticos. Que aplica políticas de persecución para acallar a quienes piensan diferente.
Votarán despojados de colores políticos, de credos religiosos y clases sociales, solo motivados por la alternabilidad en el gobierno, cuya perspectiva es el cambio. Para que nadie pretenda perpetuarse en el Poder, en desmedro del sistema de libertades. En busca de mejores condiciones de vida. Por una canasta familiar accesible al bolsillo de los más humildes. Con una firme decisión de profundizar la convivencia civilizada. Conforme soñaron, lucharon y derramaron su sangre, quienes hicieron posible el retorno de la democracia, hace más de 40 años. Que dicha actitud sea como un paradigma para las generaciones venideras.
Lo harán pese a las amenazas que tratan de empañar la fiesta democrática. Ellas que provienen de reducidos grupos que no quieren desprenderse de la “mamadera”. Que promueven el voto nulo o la destrucción de la papeleta de sufragio. Se sienten frustrados porque sus afanes electorales quedaron en medio camino. Tampoco tuvieron respaldo popular. Pero sí tuvieron resonancia por los hechos sangrientos de Llallagua. Posiblemente no desean una transición gubernamental pacífica. Sostienen, asumiendo un aire intimidador, que el gobierno que surja de las elecciones, no durará ni dos meses. Al parecer estarían maquinando alguna sorpresa, que dejaría boca abierta a la población boliviana.
Los angurrientos de Poder, siempre añoraron la dictadura. Sus aspiraciones son perpetuarse en el gobierno, solo para satisfacer apetitos personales. Para ellos no tienen importancia el hambre y la pobreza que golpean al movimiento popular. No creen en la democracia, sino que tratan de tergiversarla, de acuerdo a sus intereses sectarios. Son enemigos declarados de las elecciones. Imponen sus dictados partidarios, en desmedro de la convivencia civilizada. Tienen operadores diseminados entre diferentes organizaciones e instituciones.
Pero la respuesta ciudadana será tan compacta, unida y decisiva, que arrinconará las manifestaciones antidemocráticas. Como ocurrió en el pasado. Hechos que están debidamente inscritos en la historia. Parece que aún no conocen la idiosincrasia del pueblo boliviano. Él no está acostumbrado a soportar la sujeción de ningún omnipotente.
En suma: la vocación democrática de los bolivianos será determinante en las elecciones que se avecinan. La suerte está echada.
Vocación democrática
Severo Cruz Selaez
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