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Con cuatro medidas viables

Bolivia puede reducir su déficit fiscal al 4,5%

> El carácter extractivista de la economía, dependiente en un 95% de exportaciones de materias primas, como la raíz de distorsiones estructurales que perpetúan la vulnerabilidad fiscal y social.

Bolivia puede recortar su déficit fiscal, estimado en 5.000 millones de dólares, casi a la mitad en dos a tres años, si se aplicarán cuatro medidas concretas y políticamente viables: eliminar la subvención al diésel para el sector extractivo exportador; reducir en 50% la subvención a combustibles para uso particular; recortar gastos públicos y salarios altos en el sector estatal y nivelar el precio del gas subvencionado a empresas públicas, aseguró el economista e investigador de Fundación Tierra, Gonzalo Colque.
“No se trata de medidas demagógicas, sino de decisiones realistas basadas en datos verificables. Con estas acciones, podemos pasar de un déficit de 11% del PIB a 4,5%, lo que haría mucho más manejable la economía”, afirmó durante su intervención en el foro “Elecciones y agroexportación… ¿Una respuesta viable y sostenible a la crisis?”.
Colque presentó un diagnóstico crítico de la economía boliviana y advirtió que el debate económico en Bolivia sigue atrapado en una falsa dicotomía entre Estado y mercado, cuando en la práctica ambos son indispensables y deben combinarse de forma estratégica.
El especialista identificó el carácter extractivista de la economía, dependiente en un 95% de exportaciones de materias primas, como la raíz de distorsiones estructurales que perpetúan la vulnerabilidad fiscal y social.
Dos casos ilustraron su diagnóstico. En primer lugar, la minería aurífera, con una caída abrupta de producción y exportaciones en 2024, atribuida principalmente al contrabando hacia Perú, que capta gran parte del oro ilegal de la región. Recuperar el 50% de ese oro, dijo, podría significar 700 millones de dólares adicionales para el país. En segundo lugar, identificó a la agroexportación de soya y derivados, donde las grandes empresas pagan en promedio solo el 3% de sus ingresos en impuestos, frente al 20% que aportan firmas de otros sectores. La creación de un impuesto a la renta agropecuaria podría generar 250 millones de dólares anuales.
MEDIDAS CONCRETAS
La primera propuesta es eliminar la subvención al diésel para el sector extractivo exportador. Según Colque, no hay justificación económica ni social para mantener un subsidio que beneficia a actividades de alto margen como la minería y la agroexportación. Cortar este apoyo representaría 800 millones de dólares de ahorro anual.
En segundo lugar, está la sugerencia de reducir en 50% la subvención a combustibles para uso particular. El experto planteó que, tarde o temprano, el país deberá ajustar el precio de la gasolina. Aplicar una reducción gradual podría generar 300 millones de dólares y evitar un ajuste más drástico en el futuro.
En tercer lugar, propone nivelar el precio del gas para empresas públicas. Actualmente, las estatales pagan un precio por millón de BTU que es hasta siete veces más barato que el precio de mercado. “No podemos hablar de empresas rentables con gas subvencionado”, dijo Colque. Cobrar el precio real aportaría 1.180 millones de dólares adicionales.
Finalmente, sugirió recortar gastos públicos y salarios altos en el Estado. Con un ajuste del 10% en el gasto público y una reducción de sueldos en los niveles más altos, se podrían liberar 1.700 millones de dólares anuales, sin afectar servicios esenciales.
En conjunto, estas medidas permitirían reducir el déficit fiscal en más de 2.800 millones de dólares, dejando la brecha en un 4,5% del PIB, un nivel que Colque considera “manejable” para estabilizar las cuentas y abrir espacio a reformas estructurales de mediano plazo.
“Si damos este primer paso, la economía tendrá un respiro. El siguiente desafío será transformar la renta extractiva en inversión productiva para evitar volver al mismo ciclo de crisis”, concluyó.
Sin embargo, advirtió que estabilizar las cuentas públicas es solo “el primer tiempo del partido”. El segundo, igual de crucial, es transformar el dinero proveniente del extractivismo en capital productivo, rompiendo el patrón de gasto improductivo y consumo suntuario. Esto requiere planes de desarrollo de mediano y largo plazo, diversificación económica y marcos institucionales sólidos.
“El desafío no es solo salir de la crisis inmediata, sino evitar que volvamos a caer en el mismo ciclo. La clave está en convertir la renta extractiva en inversión productiva y en que más personas participen en un debate económico serio, desinteresado y constructivo”, enfatizó. (Fundación Tierra)

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