El título no hace referencia a alguna expresión filosófica o literaria, sino al sentido más literal de la frase: el costo de vida. Al mucho dinero que ahora le cuesta la vida al boliviano medio.
En los últimos meses, en Bolivia todo ha subido de precio. No solamente comer es más costoso. También lo es alquilar un departamento, comprarlo o construir una casa o una vivienda. Según el Índice de Costos de la Construcción de Vivienda de la Cámara Boliviana de Desarrolladores Inmobiliarios, en los últimos siete meses el costo de construir una vivienda familiar aumentó casi en un 40 por ciento, mientras que el de construir un edificio de pisos o apartamentos, incrementó casi en un 50 por ciento. Subió la mano de obra, subieron los materiales y los servicios vinculados con la construcción. En las ferreterías, la queja es permanente: los precios suben, no una, sino incluso varias veces a la semana.
El fierro, el cemento y la pintura son solo algunos de los productos que más incremento de precios registraron. La situación llegó a un punto en que los proveedores tienen que cotizar sus productos con una validez de apenas 48 o 72 horas, pues nada es estable, todo puede variar en cuestión de días. Como las tiendas que compran a los proveedores deben muchas veces comprar con dólares y la divisa estadounidense está cotizada en el mercado paralelo con un precio muy superior que el oficial (hoy, entre 13 y 14 bolivianos), la subida de precios en el mercado se hace inevitable. Madera, tuberías, cable eléctrico… todo ha ido subiendo dramáticamente. Esto ocasionó que muchas construcciones se tuvieran que suspender o que se ralentizaran. Por ello, vivir en Bolivia está muy caro, muy difícil.
Este encarecimiento de la vida tiene su mayor motivo en la merma de las exportaciones. Los dólares no ingresan porque Bolivia no exporta.
Hace unos días, en un programa televisivo, el ministro de Defensa Edmundo Novillo se rehusó a contestar a la pregunta de si Bolivia está recibiendo menos ingresos. Lo cierto, sin embargo, es que Bolivia ha dejado de exportar gas a la Argentina. Según el INE, entre enero y junio de este año las exportaciones de gas continuaron bajando y cayeron en un 35,5 por ciento; también disminuyeron las ventas de urea en un 7,7 por ciento, pero subieron las de carbonato de litio en un 2.777 por ciento.
Hay que entender que, en todos estos años del llamado Proceso de Cambio, YPFB no hizo exploraciones de campos gasíferos para reponer los campos que se iban agotando; y mientras eso sucedía, el MAS malversaba fondos y hundía al país en la corrupción. Y también hay que indicar que YPFB, empresa gigantesca, tampoco estuvo ni está limpia de corrupción.
La CEPAL prevé que el PIB boliviano crecerá apenas 1.5 en 2025 por escasez de carburantes, divisas e inestabilidad política. Y no hay que olvidar que la informalidad laboral llega al 80 por ciento. El siguiente régimen, que se espera no pertenezca al universo masista, tiene un reto gigantesco por delante.
¡Cuánto cuesta vivir!
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