Los actos del 6 de agosto de 2025 en la Casa de la Libertad debían ser una oda a los 200 años de historia boliviana, pero fueron un eco de omisiones calculadas y un megáfono para intereses partidistas. Algo que Bolivia no merecía en su Bicentenario.
En el altar de la patria, callaron lo esencial, nada en específico sobre el significado profundo del Bicentenario, de los 200 años de la República, silencio sobre la sangre y el sueño de los precursores que encendieron la chispa libertaria décadas antes de los primeros levantamientos para consolidar nuestra independencia. Pero, hubo algo más grave. Ninguna palabra, ningún gesto hacia Simón Bolívar. Nuestro Libertador, cuyo nombre llevamos con orgullo. Él, que sin disparar ni un solo tiro en nuestro suelo, nos dio la vida independiente y libertad perpetua. Nosotros, por gratitud eterna, bautizamos a la nación como República de Bolívar. “Bolivia”, que, según el Libertador, significaba “Una nación desenfrenada de libertad”.
Olvidaron el homenaje al padre de la patria. En lugar de honrar la historia, se secuestró el sentimiento patriótico y se aprovechó del orgullo que llevamos en las venas, de la emoción del Bicentenario, para colar un mensaje político partidista. Quisieron usar los actos del Bicentenario de la patria como tribuna electoral, buscando inclinar voluntades hacia una ideología política específica. Grave error, grave ofensa. Olvidan que el daño previo causado es profundo e irreversible sin el debido reconocimiento y disculpas que Bolivia, en sus 200 años, aún espera y merece. No hubo remordimiento, solo cálculo.
En medio de este show, surgió un momento de auténtico simbolismo nacional, cuando el grupo folklórico los Kjarkas entonó el “Himno al Mar”, tenían justo frente a ellos, a sus pies, al ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Alberto Van Klaveren. Fue un mensaje directo, claro y potente, que se notó visiblemente en la incomodidad del Canciller chileno, un mensaje que atravesó protocolos, “Bolivia jamás renunciará a su derecho soberano al mar cautivo”. Ese sí fue un auténtico mensaje patriótico que resonó con la verdad histórica y el sentir de un pueblo que, de manera intencional o no, pasó casi desapercibido. Fue el único tributo real a la lucha que nos dio 200 años de libertad y que sigue viva en la demanda marítima.
El Bicentenario no fue la fiesta de unidad y reflexión histórica que debió ser. Fue escenario de omisiones imperdonables hacia nuestros orígenes y nuestros héroes, con un aprovechamiento político miope. Bolivia, la nación “desenfrenada de libertad” soñada por Bolívar, merece discursos que eleven, no que dividan. Gestos que reconcilien, no que excluyan. Y acciones que honren a todos los héroes que forjaron estos 200 años. La lucha por la verdadera libertad, la que incluye la integridad territorial, continúa, recordándonos siempre que “El Mar es nuestro, porque Bolivia le pertenece”.
Glorifiquemos a quienes nos dieron patria, defendamos su legado, demostrando ante las omisiones e intereses perniciosos, que somos un país grande, fuerte y poderoso. ¡Viva Bolivia! ¡La unión es la fuerza!
El autor es Abogado.
