Como investigadora de archivos históricos, me llamó grandemente la atención, al revisar casualmente unos expedientes judiciales de 1832, que procesaban a un hombre por haber robado una oveja en el campo. Pensaba que si antes hacían eso, qué habría pasado si a esos jueces y fiscales los trasladaríamos al 2025, se hubieran arrebatado con lo que pasa en Bolivia en el sistema judicial y todo lo que se sabe y conoce de la realidad. Más aún en el año emblemático del bicentenario, ocasión por la que deberían estar ocurriendo cosas grandiosas para festejar y honrar dos siglos de revoluciones, guerras, victorias, fracasos y desenlaces buenos y malos, que toda sociedad cuenta de una generación a la otra, para no olvidar las anécdotas y testimonios de los abuelos de esas épocas de oro; hombres y mujeres muy valientes y fuertes de espíritu.
Rememorar los 200 años de Bolivia, representa una oportunidad crucial para reflexionar sobre el camino recorrido y los desafíos que aún enfrentamos como país. Desde su independencia en 1825, a la cabeza del Gran Libertador Simón Bolívar, hemos nacido con una riqueza natural inmensa, especialmente en recursos minerales, hidrocarburos y biodiversidad, que en su momento generaron grandes expectativas de desarrollo y prosperidad. Sin embargo, a lo largo de su historia, estas riquezas han sido en muchas ocasiones arrebatadas injustamente o mal gestionadas, lo que ha limitado el potencial de crecimiento y bienestar de su población.
Hoy la clase política en su mayoría, ha perdido el norte y la perspectiva del bien común, por eso la gente se siente defraudada y las nuevas generaciones desalentadas por su futuro. Sin embargo, también hay muchas personas trabajando por el bien, la justicia y la igualdad.
La historia nos muestra que la corrupción y la mala administración han sido obstáculos persistentes para el progreso. Con las elecciones generales del 17 de agosto nace una esperanza por un cambio; ojalá así sea.
De cara a 2025, una Bolivia en pleno desarrollo debería haber logrado consolidar un modelo de gestión que garantice sistemas de salud y educación más fortalecidos, porque son los pilares para seguir avanzando con calidad de vida, una soberanía económica sólida, una justicia social intachable y la protección de sus recursos naturales, como ejemplo el litio, cuyo uso más destacado en el mundo moderno es en las baterías para energías renovables y movilidad eléctrica, lo que lo convierte en un recurso clave para la transición hacia un modelo energético más sostenible.
Concretamente, a Bolivia justo le tocó su bicentenario en un año tan caótico en su coyuntura, cuando merecía festejarlo de otra manera, en un Estado transparente y con otro tipo de gente, sobre todo promoviendo el bienestar de todos sus ciudadanos. Solo así en el país se podrá honrar su historia y asegurar un futuro próspero y equitativo.
Mientras tanto, ¡Salud por Bolivia!
La autora es Comunicadora social, escritora e investigadora de archivos históricos.
