La nueva agenda

Severo Cruz Selaez

En los últimos tiempos se impusieron políticas intervencionistas y restrictivas a la propiedad privada. Se limitaron las exportaciones, provocándoles serios problemas. Hecho que redujo la llegada de dólares, en tiempos que escaseaban. Obstruyeron la creación de nuevos empleos. En muchos casos fueron despedidos trabajadores por tales motivos. Trataron de atarle de pies y manos. Medidas de corte socialista, que, en vez de generar seguridad, promovieron desconfianza e incertidumbre, en un país de vocación democrática. No permitieron el trabajo conjunto público – privado, que hubiera sido favorable para el país. El estatismo siempre ha tratado de competir con el privado.
Todos estos aspectos conspiraron, en contra del futuro de Bolivia. Pusieron en vilo la actividad del empresariado privado. Ahuyentaron, del mismo modo, a inversionistas foráneos, quienes buscaron otros países para desplegar sus actividades. En este marco, y a fin de evitar el estigma de que Bolivia es un país inviable, se debería abrir las puertas a todos los que quieran arriesgar sus capitales, en diferentes rubros productivos, en territorio patrio. Pero en un contexto transparente, de consenso y de interés nacional. A fin que no haya suspicacias ni dudas. Sin que ello signifique entreguismo ni devastación de los recursos naturales. Brindarles seguridad jurídica, para que trabajen sin cortapisas. Ello es lo fundamental.
Bolivia requiere de inversión privada, sea del color de nuestra bandera o diferente a ella, para salir del hueco de la crisis, que nos legaron quienes detentaron el Poder, en los últimos 20 años. Es que el país no cuenta con medios suficientes para emprender proyectos de envergadura. Una que haga posible superar la escasez de combustibles, que afecta a la producción agropecuaria y al transporte público. El retorno del billete verde, para facilitar la importación de insumos. Una canasta familiar accesible al bolsillo de los más desfavorecidos. Medicamentos que estén al alcance de quienes sufren de males crónicos.
Encarar con responsabilidad, y en consulta con el interés nacional, el proceso de selección y admisión de los privados, particularmente extranjeros, en la vida económica del país. Sin prejuicios ideológicos ni odiosos favoritismos. En la histórica perspectiva de promover el desarrollo sostenible por el bien común. La apertura económica debería estar inserta, por lo visto, en la agenda del próximo gobierno, que no debería estar contaminado con los despropósitos que sustentan algunas dictaduras. Ni ser obediente peón del Socialismo del Siglo XXI, que propugna la tendencia anti empresarial.
“Que inviertan en Bolivia”, sostienen algunos despistados. Nadie se animaría a invertir en Bolivia mientras haya inseguridad jurídica, intervenciones, avasallamientos, escasez de combustibles, ausencia de dólares y problemas para exportar. Ello es pedir peras al olmo, en la presente coyuntura. Esperemos que haya cambios a partir de las próximas elecciones.
En suma: nacionales y extranjeros deberían tener oportunidades de inversión en Bolivia. El imperativo de la coyuntura es superar la crisis que golpea al movimiento popular. Basta de discursos que alejan la inversión privada.

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