Los intentos realizados desde hace muchos años para que el litio boliviano pueda ser explotado e industrializado, se han desvanecido uno tras otro. Ahora contratos con las empresas Uranium One Group (Rusia) y CBC (China), después de cuatro años de gestiones no han sido aprobados, lo que muestra que es difícil hacer negocios en el país. Como esos contratos han sido rechazados en la Asamblea Legislativa, se ha vuelto a fojas cero, hasta que un nuevo gobierno ponga el asunto nuevamente en tapete, para que el “oro blanco” que está en salares de Potosí y Oruro, sea aprovechado para beneficio del país.
Recordemos que durante el gobierno de Evo Morales, se trató de hacer aprobar un contrato con una empresa alemana, pero la presión pública lo obligó a postergar el proyecto, hasta que llegó el gobierno de Luis Arce que, con cierta premura, propuso contratos con empresas de Rusia y China ante el Legislativo. Pero la mayoría de los parlamentarios, y cívicos de Potosí, torpedearon esas propuestas y hacen aguas por todos lados. Y es que los oponentes dudan de la transparencia de los contratos y aseguran que solo un debate libre puede permitir que el litio, sea puesto al servicio de Bolivia y no de empresas colonialistas que se llevan mucho y dejan poco, como sucedió en el pasado.
Por otro lado, se debe subrayar que los cuestionamientos se refieren a los modelos de contratos, el uso de grandes cantidades de agua, la cantidad de regalías que corresponderían a los departamentos productores y la necesidad de una consulta previa. Mientras no sean atendidos estos aspectos, puede continuar el rechazo, hoy principalmente al contrato con la empresa china, por parte de cívicos potosinos y sectores de la oposición. Además, la desesperación por lograr la aprobación de este último contrato, cuando falta poco para el cambio de gobierno, causa suspicacia.
De todas maneras, aunque la explotación e industrialización de litio tiene dificultades, lo importante es que sus beneficios queden en el país para favorecer ael pueblo, que es su propietario y no así de monopolios extranjeros que terminan colonizando a la nación.
La experiencia con el estaño en el siglo pasado no debe repetirse, pues hacerlo sería una estupidez. El ser humano puede cometer un error una vez, lo cual es perdonable, pero no repetirlo. De ahí que el pueblo boliviano, que observa azorado el escándalo que se produce en la Cámara de Diputados cuando se habla del litio, ve con preocupación cómo unos tratan de imponer la aprobación de contratos, mientras otros se oponen firmemente y, al parecer, no van a ceder.
El problema del litio debe ser solucionado con capacidad y la precipitación para que uno sea aprobado de cualquier manera, como ahora se observa, solo origina dudas y sospechas. Ante todo, es necesario evitar que se repita lo que pasó con el estaño en el siglo anterior. Es que entonces, corregir errores costó sangre y vidas, por hechos que están frescos en la memoria popular. En el caso del litio se debe proceder con el máximo cuidado.
El litio, un asunto que se evapora
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