Como sacerdote en la iglesia de Saint Joseph en Earling, Iowa, el padre Joseph Steiger vivía una callada y diligente vida, atendiendo a su congregación. En el otoño de 1928, el padre Steiger recibió una visita solicitando solucionar un urgente problema…
Durante años, Emma Schmidt, de 46 años, había experimentado aterradores desmayos, una aversión por los objetos sagrados y otras terribles afecciones. Su sufrimiento
fue documentado en evaluaciones médicas, reportes de higiene mental, y diarios personales. Después de que un extenso tratamiento psiquiátrico resultó no ayudarle en nada, el sacerdote de Emma le recomendó un remedio un poco más espiritual: un solemne exorcismo. Un recluido convento de la parroquia del padre Steiger fue elegido como el sitio del ritual. A pesar de tener enormes reservas, el padre Steiger estuvo de acuerdo en supervisar el exorcismo. Theophilus Riesinger, un misterioso fraile capuchino, cuya experiencia previa con exorcismo lo convertían en una figura controversial, fue asignado para llegar a cabo la tarea.
Con la llegada de Emma a Earling, una obscuridad comenzó a rodear el convento e inexplicables incidentes comenzaron a ocurrir; a través de entrevistas de primera mano, biografías, y otras formas de documentación, lo que surge es un tapiz de fuerzas obscuras, fragilidad humana, y tentación que pusieron a prueba incluso a los más firmes de aquellos involucrados. La ardua experiencia de meses de duración que le siguió, llevaría a todos aquellos que se encontraban en ese convento, incluyendo al padre Steiger, al padre Theophilus, y a la misma Emma, al borde de la locura.
Finalmente, después de un maratónico exorcismo de 72 horas, Emma fue liberada de su aflicción, y fue capaz de pronunciar el nombre te Dios una vez más. Ella vivió el resto de su vida en paz. El exorcismo de Schmidt sigue siendo el más minuciosamente documentado, y ampliamente publicitado exorcismo en la historia americana.
