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Nina y Evo huyendo de la justicia

En países subdesarrollados y con estándares de educación de bajo nivel, la política carece de pudor; suele ser un campo de rivalidades no ideológicas, sino personales; pues la política no es más que el reflejo de una realidad más grande: las costumbres, los modales y la cultura de los individuos de un conglomerado social. Entonces, todo vale en aquella arena en donde no gana el argumento más consistente, sino la amenaza o la diatriba para descalificar al adversario político. Esta realidad se manifiesta de manera diaria en dichos y hechos de aquellos personajes que, careciendo de formación intelectual, capacidad de diálogo o mesura, propalan falsedades o amenazan con actos violentos a la ciudadanía cuando el gobierno no les da su gusto. Evo, que les hizo la vida a cuadros con bloqueos y manifestaciones violentas a varios gobiernos de los 90 hasta aquellos de antes de 2006 (y también en este 2025), puede ser un ejemplo de este tipo de políticos que no encajan en los sistemas democráticos. Pero no es el único; hay otros personajes, quizá de menor resonancia mediática, que no creen en la democracia o que directamente la desconocen. Ruth Nina puede ser uno de ellos.
Esta mujer, líder del desaparecido partido político PAN-Bol (que se fundó en marzo de 2018 y tuvo una existencia relativamente efímera, pues dejó de existir el 7 de mayo del presente año, cuando el TSE canceló su personería jurídica), fue enemiga de Evo y tildó al autócrata de Orinoca de “asesino” y “vendepatria”; en las elecciones de 2019 y de 2020 terció en las elecciones, supuestamente como opositora al régimen masista. No obstante, la política en Bolivia es descarada e desvergonzada; por ende, los actos de transfuguismo o zalamería a los caudillos no son poco frecuentes. Cinco años y ocho meses después de los hechos de 2019, Nina reapareció en los medios, pero ahora para decir que es un “soldado” de Evo (“Querido hermano, usted no está solo”).
Ese camaleónico acto de sumisión al autócrata no puede tener otra explicación que la prebenda o el clientelismo: lo más seguro es que Nina negociara puestos de poder en la Asamblea a cambio de respaldar la candidatura de quien violara la CPE reiteradas veces y desconociera los resultados del 21F, entre otros abusos.
Pero la historia no termina ahí. Algunos días después de que Nina se deshiciera en zalamerías para el autócrata, aquella, en un encendido discurso, dijo que luego del 17 de agosto, día de elecciones generales, si no se colocaba la cara del líder cocalero en las boletas de sufragio, el TSE no contaría votos, sino muertos, haciendo, con ello, lo que en derecho se llama apología del delito (justificar acciones ilegales mediante el discurso).
Cayeron un par de denuncias contra aquella particular dirigente, y la Fiscalía la citó para declarar, pero ella, como hace también Evo hasta hoy, huyó de la justicia y no fue a su declaración… ¿Hasta cuándo Bolivia vivirá en esta situación en la que los desaforados se ríen de las instituciones? ¿Regresará el Estado de derecho? ¿Qué políticos podrán devolver el orden? La importante decisión la tendrá el elector el 17 de agosto…

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