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Acerca de Mayaya X1

Héctor Antonio Uriarte Peláez

A propósito del 216 aniversario del primer grito libertario de América en Julio, es pertinente aludir el descubrimiento de gas en el norte de La Paz, mencionado en el título de esta nota. A continuación, algunos comentarios sobre el tema.
El pasado 16 de julio de 2024, el presidente Luis Arce anunció el hallazgo de un “megacampo” de gas natural con una capacidad de 1.7 TCF. Este descubrimiento fue en el pozo Mayaya Centro-X1, ubicado en el área No Tradicional Lliquimuni, en el norte del departamento de La Paz. Con este descubrimiento, La Paz ingresará en una dimensión incomparable en cuanto a la explotación y producción de hidrocarburos y, además, con la posibilidad de incrementar sus regalías como departamento productor. Esto, además de ser el único departamento de Bolivia que cuenta con todas las fuentes de energías renovables: solar, eólica, hidráulica, biomasa y geotérmica.
Adicionalmente a aquello, en marzo 2025, el vicepresidente de operaciones de YPFB anunció que “el campo Mayaya X-1, tiene un potencial estimado de un Trillón de Pies Cúbicos de gas (TCF) y hasta 6 TCF en estructuras aledañas, consolidándose como un megacampo estratégico para el país. Se prevé que la producción inicie en 2028 con 50 millones de pies cúbicos diarios”.
Contrastando los volúmenes revelados en ambas declaraciones, caben algunas cuestiones:
a) ¿Cuán cierto es el dato inicialmente anunciado por el presidente en julio 2024?, puesto que según YPFB solo se tiene un “potencial ESTIMADO de un TCF y hasta 6 TCF en estructuras aledañas”. Es decir que potencialmente se llegaría a 1.6 TCF y no así a 1.7 TCF (ojo que 0.1 TCF es 28.000 millones de m3, que es una diferencia apreciable).
b) En estricto sentido, ¿hay una certificación oficial de volúmenes?
c) ¿Cuál es la composición del gas natural en este “megacampo”?
d) Considerando la profundidad de la reserva encontrada, ¿la explotación será del tipo convencional? …
En fin, se puede plantear muchas preguntas más, pero se debe tener en cuenta que una amplia información de todos estos incisos sería de importancia esclarecedora.
Ahora bien, más allá de si en realidad son 1.6 TCF o más, se debe tener en cuenta que, de todas maneras, se trata de un volumen apreciable y su explotación y comercialización debe generar rentas petroleras que beneficien con regalías –sobre todo– a las veinte provincias del Departamento de La Paz, promoviendo su crecimiento económico y desarrollo industrial de manera sostenible. Es decir, que no se repita lo que sucedió con los ingresos provenientes de la venta del gas natural boliviano, que fueron muy mal gestionados y utilizados durante todo el período de auge económico (2010 a 2016).
En resumen, lo que se pretende propugnar es que las futuras autoridades gestionen de manera óptima los venideros ingresos y que éstos sean invertidos para el desarrollo nacional y no sean destinados a gastos corrientes, proyectos sin rentabilidad o dispersados en otros rubros, como fondos indígenas, sedes sindicales, vehículos lujosos, etc., como ocurrió en el pasado reciente, dejando a Bolivia en una crisis económica que ha ahondado la pobreza de sus habitantes.

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