Aunque los rumores apuntan al lanzamiento del chip Kirin 9030 a finales de 2025, Huawei ya no necesita tener el procesador más avanzado para mantenerse competitiva. Su verdadera ventaja radica en el software, concretamente en la evolución de su sistema operativo HarmonyOS.
Tras enfrentar los vetos comerciales impuestos por Estados Unidos, Huawei logró reintroducir sus smartphones con conectividad 5G, impulsados por chips Kirin desarrollados internamente. Ante las limitaciones en el acceso a maquinaria de última generación, el fabricante chino ha optimizado los recursos disponibles, apoyándose en socios locales como SMIC y SiCarrier. Sin embargo, los avances en litografía y rendimiento han sido limitados en el último año.
A pesar de estos retos, la respuesta del software ha sido notable. Modelos como el Huawei Pura 70 Ultra y el Mate XT plegable han demostrado un desempeño sobresaliente gracias a HarmonyOS Next, un sistema operativo que continúa refinándose con cada actualización. Esta capacidad de optimización ha permitido que la experiencia de uso compita con otros fabricantes, incluso sin contar con chips de última generación como los de Qualcomm o Apple.
El Kirin 9030: promesas y desafíos técnicos
El mercado de procesadores para móviles se prepara para una nueva etapa en la segunda mitad de 2025, con lanzamientos como el Snapdragon 8 Elite 2, el A19 Pro de Apple y el Dimensity 9500 de MediaTek. En este escenario, Huawei también planea volver al centro de atención con el Kirin 9030, sucesor del 9020 que debutó en los Mate 70.
Se espera que el Kirin 9030 acompañe a los Huawei Mate 80, y según los primeros reportes, podría ofrecer hasta un 20% más de rendimiento respecto a su antecesor. Se especula con un nuevo diseño de empaquetado que aumentaría la eficiencia y reduciría el consumo energético, alineándose con el objetivo de competir de forma más eficaz frente a sus rivales internacionales.
No obstante, persisten dudas sobre el proceso de fabricación. Aunque existen rumores sobre un salto a los 5 nanómetros, las limitaciones de la industria china —aún afectada por las restricciones estadounidenses— hacen que esta posibilidad resulte incierta. Un ejemplo reciente fue el portátil plegable de Huawei, equipado con el chip Kirin X90, inicialmente asociado con los 5 nanómetros pero finalmente revelado por TechInsights como un semiconductor de 7 nm.
Estos datos sugieren que, aunque Huawei sigue avanzando, la producción en masa de chips en procesos más sofisticados como el de TSMC aún representa un desafío importante.
HarmonyOS al rescate
Ante el más que probable caso de que el Kirin 9030 y los próximos destinados a los ‘HarmonyOS PCs’ no puedan superar sus propios límites, Huawei tiene un as bajo la manga que saca en cualquier momento: HarmonyOS, un sistema operativo que partió de Android y hoy en su versión 6.0 (segunda iteración de ‘Next’) une hardware y software en el primer ecosistema chino.
No comparten raíces pero, en la actualidad, sí filosofía: Huawei hace como Apple, controla todo el proceso de diseño de los dispositivos. De hecho, en el caso de Huawei es todavía más notable: también fabrica, con nuevos socios en su país natal que ponen más componentes en los smartphones. El reciente ejemplo de los sensores de cámara atestigua las intenciones del gigante asiático.
La estrategia de Huawei es conformar un ecosistema independiente, está más cerca de lograrlo: para la segunda mitad de año tiene un plan que pasa por el lanzamiento de dos nuevos ordenadores basados en HarmonyOS. Curiosamente, se diferenciarán de la firma de la manzana en la apertura de su SO: un trabajador de Huawei confirmó que permitirán el sideloading, un movimiento inteligente que puede ayudarles en estos inicios para combatir la falta de ciertas apps.
En definitiva, Huawei parece estar construyendo su futuro sobre una integración vertical total. Compensa las limitaciones de fabricación que aún arrastra con un software adaptado a sus dispositivos (que a su vez no debe lidiar con la amplia variedad de hardware presente en Android). Pocos pueden replicarlo al mismo nivel, y eso a largo plazo les otorga ventaja: es una estrategia muy segura. De momento, en China ya pelean con las más grandes.
