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La soberbia del poder

Eric L. Cárdenas del Castillo

Desde que el ser humano reconoció la facultad de mandar de unos y de obedecer de otros, se estableció la autoridad y con ella, el ejercicio del poder, es decir la prerrogativa de mandar y ser obedecido. Del jefe de la tribu, se pasó al rey o monarca y de éste al emperador y al presidente. Si bien en el decurso del desarrollo de la sociedad organizada en Estado, a partir de las dos revoluciones inglesas inspiradas en el pensamiento de Hobbes y Locke, se sujetó en alguna medida a los reyes a las leyes, el poder de éstos siempre fue excesivo, el ejemplo lo dio el rey de Francia Luis XIV, que expresó: “El Estado soy yo”.
El sabio griego Platón, en su libro “La República”, señala que en esa sociedad ideal debe haber tres clases, una que gobierna a cargo del sabio rey, otra que defiende a la sociedad, la milicia y una tercera que produce. Sin embargo, cuando fue a asesorar al rey de Siracusa, estableció que los gobernantes no solo no son sabios reyes, sino déspotas. Este caso de la vida del sabio griego, nos lleva a establecer. luego del estudio de la historia política de las sociedades, en cuanto al ejercicio del poder, que hay una característica en los que ejercen poder, que éstos hacen uso y abuso del poder político que ejercen.
Si bien los gobernantes en los Estados republicanos o democráticos, están limitados en su poder por las normas constitucionales, algunos o la mayoría de éstos, se ponen por encima de la ley. No olvidemos al ex presidente de la República Mariano Melgarejo, que al ser interrogado por la Constitución dijo: “tengo a la Constitución siempre conmigo, la llevo en el bolsillo izquierdo de mi pantalón”, es decir que se sentaba sobre la misma.
La soberbia, como rasgo de los que tienen poder político, es el camino al caudillismo y la dictadura, que tanto daño ha hecho a los pueblos del mundo. Aún hoy, en pleno Siglo XXI, cuando el desarrollo tecnológico no deja de asombrarnos, en muchos países hay gobiernos que someten a su población a la tiranía, el despotismo y la barbarie.
Otro campo donde se da la soberbia del poder, es en la riqueza de algunos individuos, que sobre la base de ésta han establecido la “plutocracia”, es decir el poder de los ricos, que por esa situación han establecido una clase social, a la que el marxismo ha bautizado como “burguesía capitalista”, propietaria de los medios de producción, la que debe ser destruida por la revolución proletaria. Esta teoría, llevada a la práctica con la Revolución rusa de 1917, se derrumbó 70 años luego, por sus contradicciones internas.
Los grandes capitalistas, que son una minoría en el mundo, han acumulado tanta riqueza, que sus ganancias anuales seguramente superan el Producto Intento Bruto de varias naciones, y por supuesto, su poder es tal que uno de ellos dijo que puede comprar por un año un X país atrasado, y en ese año lo sacaría de la pobreza. Otro está interesado en la conquista espacial, que era una de las atribuciones de algunos estados ricos.
El poder de los ricos es tan grande, que algunos de ellos han incursionado en la conquista del. poder político, de tal suerte de tener un doble poder, uno el poder de su riqueza y otro el ejercicio del poder político, aunque muchos de los magnates, prefieren mantener buenas relaciones con los políticos, para así preservar sus intereses.
Lo recomendable para una buena gestión pública, sería que los grandes empresarios capitalistas hagan empresa, y los políticos hagan política partidaria, para que así los intereses económicos de los primeros, no se beneficien del poder político, pues los intereses públicos, son de todos los habitantes y deben ser preservados de la soberbia del poder.
Los dirigentes políticos que llegaron a ejercer el poder, en el pasado siglo, lo hicieron luego de una larga carrera política que comenzaba en los institutos de formación académica, o en los recintos militares, que llenaron las páginas de nuestra historia en el Siglo XIX y en el ciclo militar del Siglo XX.
En días más acudiremos a las urnas para elegir a un nuevo gobernante, en situación delicada para nuestro país, esperemos que sea el voto ciudadano consciente, el que solucione nuestra crisis de Estado. Es hora de pensar en la patria.

El autor es Abogado, Politólogo, escritor y docente universitario.

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