La transformación nacional surgirá de las urnas, conforme anhela la población boliviana. Como el prolegómeno de un tiempo mejor, en una época empañada por la crisis económica. Como una necesidad imperiosa para encarar proyectos y estrategias que signifiquen un futuro llevadero. Como una reafirmación de bolivianidad, ante la propagación de ideologías foráneas. Una exenta de consignas disociadoras, que alientan odio, retroceso y revanchismo, en democracia. Una que simbolice búsqueda de la integración y unidad por el bien común. Que marque, en definitiva, avances. Bienestar social, en particular.
Transformación nacional que implique voluntad política, para diseñar la nueva Bolivia. Respetuosa de nuestras tradiciones y de la memoria de quienes nos legaron esta Patria digna de mejor suerte. Que promueva la reconstrucción del país, aplicando nuevos elementos económicos, políticos y culturales, que contribuyan a forjar un destino mejor. Con un contenido democrático, incluyente, progresista y alejado de toda actitud violenta. Que difiera de las acciones tomadas por los gobiernos de turno, de tinte socialista, que detentaron el Poder desde 2006. Que provocaron retroceso económico, pese a los ingentes ingresos del auge gasífero. Entonces se dijo que la economía estaba blindada.
Que sustente el firme propósito de mejorar el presente y hacer más digno el futuro. Que tienda superar la pobreza y extrema pobreza que lastima a una inmensa mayoría de la población. Entonces se estaría escuchando y atendiendo sus exigencias de mejores días. Se digne devolver la paz, la credibilidad y la esperanza, a todos quienes viven ajustándose el cinturón, por el elevado costo de vida. Que haga lo posible para bajar el precio de la canasta familiar.
Que se proponga acabar con la crisis económica, sin asumir actitudes demagógicas, distraccionistas ni falaces. Si es posible recurriendo a la asistencia externa, importa salir de este hueco que nos ha dejado la incompetencia. Dijeron que cuidaban el bolsillo de la gente humilde, pero hicieron todo al contrario, provocando la pérdida de su poder adquisitivo. Hoy ni sueldos ni rentas de los jubilados cubren debidamente los requerimientos mensuales. Los medicamentos cuestan un ojo de la cara por la desaparición del dólar. Las personas con enfermedades crónicas solo esperan el llamado del Ser Supremo.
Transformación nacional que simbolice la lucha permanente por alcanzar desarrollo sostenible. Pero siempre y cuando se imponga la vertiente democrática, abierta al mundo, sin odiosas preferencias. Sin estigmatizar a los gobiernos, sea cual fuere su tendencia ideológica, porque requerimos de su contribución tecnológica, científica y comercial. Lo ideológico debería pasar a segundo plano. El color político no debería ser obstáculo para aproximarnos y entendernos con países cercanos o lejanos. Ello con el propósito de superar la crisis económica, que ha elevado los índices de la pobreza, del hambre y la informalidad.
En suma: la transformación nacional nos permitirá respirar aires renovados. Dios quiera que sea logrado ese objetivo.
Transformación nacional
Severo Cruz Selaez
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