InicioSeccionesEditorial“Es inevitable la fiesta”

“Es inevitable la fiesta”

Con esa frase el alcalde Iván Arias explicó que la entrada del Gran Poder no se suspendería, pese a muchos pedidos para que la fiesta no se hiciera debido a los duros enfrentamientos que se registraron en el norte potosino y que tuvieron el trágico saldo de seis muertos. “Es inevitable la fiesta. También se ha previsto crespones negros en las diferentes banderas que se va a tener. Se ha previsto también momentos de silencio ante el altar del Señor Jesús del Gran Poder, en la iglesia y también en el altar principal”, dijo Arias, explicando que la fiesta se realizaría de todas maneras. Y luego, patéticamente como suele ser cuando habla ante los medios, añadió: “Que Dios nos guíe, que Dios nos bendiga, que muestre el camino de la paz y que nos conduzca a la reconciliación entre bolivianos. Tatita, te lo pedimos de todo corazón, bendícenos con tu manto y con tu bendición”.
No se puede negar que aquella fiesta folclórica significa movimiento de dinero, pero tampoco que la sociedad boliviana les atribuye al baile y la ingesta de alcohol una importancia exagerada. En realidad, no se necesita ser demasiado listo para darse cuenta de que eso del movimiento económico que generan las fiestas folclóricas es solo un pretexto, o por lo menos una razón secundaria, para llevar de todas formas a cabo una celebración que, más que “fe” y “devoción”, implica alcohol y la visualización lúbrica de piernas femeninas; la sociedad en general ama ese tipo de fiestas y no puede renunciar a ellas, pese a estar viviendo momentos trágicos y de luto como el actual.
¿Qué son seis personas muertas defendiendo el orden y la institucionalidad? Son mucho… si se tiene sensibilidad y tino, claro. Hay que tener en cuenta que quienes murieron en los bloqueos protagonizados por las huestes de Evo Morales lo hicieron cumpliendo un deber con el país. Por tanto, bailar al son de las matracas y con cortas polleras, a pocos kilómetros de donde se dieron los sangrientos enfrentamientos, resulta cuando menos un despropósito.
Otra cosa que habría que poner en cuestión es si aquellas expresiones son realmente lo que se dice cultura, pues existen muchas personas —aparte de los folcloristas, claro está— que defienden aquella manifestación de baile, música y borrachera colocándola en el elevado sitial de la cultura. Igual que quienes defienden la fiesta por ser ésta un factor de movimiento económico, quienes la defienden porque sería una parte fundamental de la cultura aseveran que la identidad colla o boliviana no podría prosperar si se suspendieran el baile y el derroche de alegría. Sin embargo, ¿qué clase de cultura puede ser una entrada de baile en la que la mayor parte de la gente bebe descontroladamente, dejando las calles con micciones y latas de cerveza por todas partes?
Por último, hay quienes defienden el Gran Poder porque esta fiesta sería un acto de “devoción” y “fe” a Jesucristo… Lo mismo se dice respecto al Carnaval de Oruro. ¿Se puede creer en ello? Ciertamente, no. Todos sabemos que estas fiestas sensuales y de abrumadora ingesta de licor nada tienen que ver con la fe ni la devoción, sino con las ganas que la gente tiene de bailar y divertirse a lo grande, tal vez olvidando por un momento los grandes problemas que la afligen.

ARTÍCULOS RELACIONADOS
- Advertisment -

MÁS POPULARES