El berrinche de los violentos tiende a declinar, luego de un saldo de varios muertos. Hecho que bañó de sangre las serranías aledañas a la heroica población de Llallagua. Que ha conmovido no solo a la población boliviana, sino a países vecinos. La condena de la ciudadanía, en consecuencia, fue categórica. Las naciones aledañas han expresado, asimismo, su solidaridad con Bolivia, en coyuntura tan trágica. Es inconcebible y repudiable que los violentos hayan matado a sus propios hermanos de nacionalidad. Que hayan segado con saña vidas consagradas al servicio público, enarbolando tan solo el nombre de cierto personaje. Los habitantes de esa ciudad intermedia los declararon enemigos de la región. Obviamente que el tiempo restañará las heridas provocadas por la intransigencia política. Entre tanto, persistirá la suspicacia de unos y otros.
La angurria por el Poder de algunos, ha llevado a ese extremo. Puso en vilo, inclusive, la democracia y también las elecciones generales, previstas para el próximo 17 de agosto. El pueblo espera, ante esa situación, se garantice, de veras, el evento electoral y la pacífica transición del Poder, a quienes resultaren ganadores en las urnas. De esa manera se lograría profundizar la praxis democrática en Bolivia. La cumbre multipartidaria e institucional, ha reiterado, en una reunión celebrada hace poco, su respaldo a la democracia, amenazada por intereses particulares, a fin de que se cumpla con la agenda electoral, debidamente. Pero ha pedido también garantías para tal acontecimiento. Es que aún hay algunas manifestaciones que perturban la paz social. Y no cesan las amenazas tendentes a interceptar las elecciones generales. Parece que el país vive una tensa calma, lamentablemente.
Doce millones de bolivianos esperan que la solución para la crisis económica que golpea no solo a sectores populares, sino a los empresarios privados, surja de las urnas electorales, como una firme decisión ciudadana, en busca de un mejor futuro, en democracia. Ni la violencia ni la interrupción del proceso democrático, representan solución a la adversidad económica, en su versión inflacionaria, que genera incertidumbre y desesperanza. Que empobrece aún más a los pobres y enriquece aún más a quienes detentan el Poder. Menos el acortamiento del mandato constitucional del gobernante actual, quien deberá irse por la puerta ancha, cargando sus aciertos y desaciertos, sus logros y fracasos. Su frustración en el manejo económico, que perforó el bolsillo de las personas humildes. Que elevó a las nubes el costo de la canasta familiar. Que ha permitido la desaparición de algunos artículos de consumo. Que semiparalizó el transporte público, con la escasez de combustibles. Que hizo desaparecer el dólar. Que provocó la pérdida del poder adquisitivo de sueldos y salarios. Todo ello significó retroceso, en un ciclo político donde se eclipsa el socialismo en Bolivia.
En suma: ¡Dios proteja a Bolivia, libre y democrática!
Severo Cruz Selaez
El berrinche tiende a declinar
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