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¿Blanco o negro?, ¿o gris?

Ernesto González Valdés

La pregunta nos conduce a posible incertidumbre: ¿es una decisión a tomar?, ¿debo decir solo la verdad?, ¿no hay otras opciones?
También pude titular esta nota como ¿derecha o izquierda?, lo cual conlleva a analizar el rol del docente ante lo que sucede en nuestros países en temas sociales, económicos y políticos y que permea a los jóvenes, que leen poco medios impresos, pero son “bombardeados” por redes sociales. A ello se suma lo que comentan los padres en casa y el estudiante “escucha”, aunque no necesariamente esté atento a los temas. Y si fuese el caso pregunta, pero de igual modo podrá recibir una respuesta de “blanco o negro”.
En una ocasión unos estudiantes, en la evaluación del desempeño de un docente muy culto e inclusive historiador, y recientemente con doctorado, reclamaban por escrito por la partidización de su profesor en las clases (de antropología), a modo de queja, lo cual me inducía a reflexionar ¿qué había sucedido en esas clases magistrales? Inclusive en el desarrollo de las mismas, apreciaba que algunos estudiantes de primer año de carrera, de 16 y 17 años de edad, no prestaban la atención necesaria, qué lástima, pues no saben lo que están dejando de aprender y comprender. Es que la antropología es la “Ciencia que estudia los aspectos físicos y las manifestaciones sociales y culturales de las comunidades humanas”, y que podía permitir opinar dentro y fuera de la clase objetivamente, en conversaciones con sus compañeros de estudio, padres, familiares, demostrando conocimiento y madurez, como parte de una cultura general.
Estoy seguro de que los docentes no solo compartimos nuestros conocimientos “puros”, es decir en la didáctica de la clase, sino que los asociamos a situaciones reales de cada día, en cualquier asignatura, lo cual es refrescante y atractivo para el estudiante, que opine. Pero lo más importante paralelo a ello es que transmitimos valores como: el respeto a los demás y a sí mismo, honestidad, tolerancia, responsabilidad, transparencia, sinceridad y otros.
Todo lo anterior conduce a que se debe evitar (en clase y en nuestras sociedades) los extremos, ni derecha ni izquierda, ni blanco o negro y mejor gris. Si bien hay 65 tonos de gris y es el color que más se relaciona con el aburrimiento, lo anticuado, lo insípido, la crueldad y también con la tristeza, también es considerado el color de la reflexión y de la teoría (entiéndase que tenemos “materia gris”), asimismo, la ciencia y la objetividad.
No me queda duda que cada docente puede tener sus propios ideales (metas, objetivos, intereses), principios, ideología, y que han de ser respetados, como hemos mencionado, como valor (insisto en el campo social, económico y político). Pero inclinar “la balanza del fiel hacia un solo lado”, al menos para mí como docente no es pertinente. ¿Lo adecuado?
Que sean los propios jóvenes los que analicen la problemática, investiguen, se documenten de todas partes, lean con profundidad. ¡Enseñemos, a los que nos corresponde, a emplear adecuadamente el gris!

El autor es Licenciado en Ciencias Pedagógicas.

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